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domingo, 27 de julio de 2008

La constante

Cuando cursaba mi primer año de universidad en 2001, el profesor Vergara nos hablaba de que la carrera de Química y Farmacia abarcaba demasiadas cosas; que debía especializarse, porque el farmacéutico que se dedique a la industria no requeriría los mismos conocimientos que el que se dedique, digamos, a la farmacia clínica. Sobre todo porque el conocimiento está en expansión, y hoy en día simplemente no es posible abarcarlo todo. El conocimiento que generan los académicos de todas partes del mundo crecía hasta hace algunos años en forma exponencial. Conversando hace poco con mi primo político el Leo, profesor de física de la USACH (y mi maestro de AFM), me hacía ver que hoy en día, el conocimiento crece en forma de doble exponencial (y = e^(e^t)).

Frente al aumento del conocimiento, se hace necesario modificar las prioridades de lo que es o no es imprescindible saber. Ya Carl Sagan lo decía en El mundo y sus demonios. Es, pues, natural que los alumnos empiecen a cuestionar la utilidad de los distintos cursos. Todos nos desorientamos frente a una diversidad grande. Para muestra, un botón: la gran mayoría de mis compañeros reclamaba ante cursos como p. ej. el de operaciones unitarias, donde el profesor Jaime Sapag disfrutaba enseñándonos a pensar en unidades imperiales (pulgadas, pies, libras, psi, grados Fahrenheit, BTUs, etc.), o los distintos tipos de fittings, el número de Reynolds, las calderas de grandes y pequeños volúmenes de agua, y otro montón de cosas de las que ya no me acuerdo. La queja general era: ¿para qué chu... nos enseñan esta materia? Peor era con el curso de Ciencias Sociales: una isla de humanismo en un mar de ramos científicos. Como decía Huxley en el prólogo a Un mundo feliz (Brave New World), una clavija redonda frente a muchos agujeros cuadrados. Finalmente terminaron por rebautizarlo como "Sociología" y ofrecerlo como ramo electivo; la asistencia a clases era demasiado baja.

Cada área del conocimiento está generando conocimiento nuevo. Cada día aprendemos cosas nuevas. Los periódicos electrónicos publican minuto a minuto (iba a decir diariamente, pero hasta eso se queda corto) lo que sucede en distintas partes del mundo; Internet lo hace posible. El conocimiento, pues, es una variable; ¿cuál es, entonces, la constante de la ecuación? ¿Qué es lo que se debe enseñar siempre, lo que no debe cambiar?

Respuesta: Lo que se ha perdido, lo que siempre dieron por sentado y que en realidad nunca nos enseñaron con profundidad ni en el colegio ni en la universidad... el método científico. Pero resulta que buenas aplicaciones del método científico requieren la aplicación de otra herramienta que, al menos a mi juicio, es precursora lógica del método científico. Me refiero al pensamiento crítico. La primera vez que tuve una aproximación a esto fue cuando en clase de Farmacoquímica, nos hicieron disertar sobre artículos del Journal of Medicinal Chemistry, y el profesor Díaz nos recalcaba que hiciéramos un análisis crítico del artículo. Muchos de nosotros recién veníamos acercándonos al mundo de los artículos científicos; no estábamos para nada familiarizados con la literatura científica, menos aún con algunas de las técnicas que se describían en varios de los artículos que se entregaron. ¿Cómo se suponía que íbamos a hacer un análisis crítico?

Para mi gusto, el profesor tenía razón en pedirnos eso, porque conocer las herramientas requiere un esfuerzo relativamente modesto. Además que dicho esfuerzo nos serviría para aprender mucho. Sin embargo, buscar pifias en la lógica de un artículo científico es un ejercicio al que muchos no nos habíamos enfrentado nunca, y tampoco habíamos recibido la instrucción teórica para enfrentarlo. Y peor, había que responder a esa demanda bajo la presión de obtener una buena nota en un ramo que ya era suficientemente difícil (y uno de los ramos centrales de la carrera de Farmacia), y contra el tiempo, porque había otros muchos ramos que también demandaban nuestra atención.

Es que el pensamiento crítico es una herramienta que debiera enseñarse en la casa, desde nuestros primeros años de vida. Debiera ser reforzada en los colegios. Pero demasiados profesores se quedan como "enseñadores de materia" (como le escuché una vez a don Belfor Aguayo) y no estimulan a los alumnos a pensar ¿y para qué diablos estamos estudiando lo que estamos estudiando?

¿Por qué se le da poca pelota al pensamiento crítico en nuestros colegios? ¿Porque una de las consecuencias es que se cuestiona a las autoridades, a las cuales no les gusta recibir críticas, las cuales se sienten como una amenaza a su poder? ¿Por simple incompetencia? ¿Simple ignorancia? ¿Todas las anteriores?

Me da lata pensar en teorías conspirativas más elaboradas. Por hoy se termina mi alocución.

domingo, 23 de marzo de 2008

Creacionismo, evolución y PZ Myers

¿Sabe alguno de mis lectores del debate que hay en los Estados Separados Unidos sobre enseñar en el colegio creacionismo o evolución? Ojo que el creacionismo al que me refiero no tiene nada que ver con el movimiento literario también llamado creacionismo, iniciado por nuestro connotado compatriota Vicente Huidobro ("¿Por qué cantáis a la rosa, oh poetas? / Hacedla florecer en el poema", "El poeta es un pequeño Dios", etc.).

El creacionismo de la tierra joven (Wikipedia en inglés y en español) al que me refiero es la interpretación literal del relato de la creación del mundo que está en la Biblia. Sumando los tiempos de vida de todos los patriarcas mencionados hasta ahora, se calcula la edad de la Tierra en algo más de 5000 años. Así, los creacionistas creen de verdad que Dios creó el mundo en siete días, tal como dice el libro del Génesis, y que después vinieron Adán y Eva, el diluvio universal, etc. ¿Por qué? Porque según los creacionistas, la Biblia dice la verdad literal de las cosas. No yerra.

(Hay otros que dicen ser creacionistas de la tierra antigua. Ellos aceptan la evidencia geológica pero niegan la evolución. Vuelvo sobre la evolución.)

Yo pensaba que en mi pequeño país los únicos cristianos fundamentalistas militantes que había, capaces de creer en el creacionismo, eran los famosos "Valientes de David" (que, por lo visto, a la fecha en que escribo no tienen página web propia). Haciendo una búsqueda en Google, me doy cuenta de que me equivoqué: miren este link y este otro.

Hay una versión un poco más refinada del creacionismo que se llama Diseño Inteligente (DI). Esencialmente, los proponentes de esta idea, dicen que hay cosas que no pueden explicarse mediante la ciencia, por lo tanto, eso es evidencia de diseño por parte de una inteligencia sobrenatural; ahí se ve la mano de Dios en la formación del mundo... (clásico non sequitur).

La cosa es que ambas ideas niegan la teoría de evolución, propuesta por primera vez por Charles Darwin en Sobre el origen de las especies(Wikipedia en inglés y en español). Desafortunadamente para los creacionistas y los del DI, la evolución de los seres vivos basada en la selección natural es un modelo muy sofisticado, que puede ser puesto a prueba en el análisis de fósiles y de ADN de las especies actuales. Gracias a estos análisis el modelo ha sido refinado y completado por el trabajo de muchos científicos. Pero en esencia, el modelo explica satisfactoriamente la realidad y permite hacer predicciones que se verifican en la realidad. Es la base de toda la biología moderna. Por lo mismo, muchos prefieren hablar de la evolución como una ley, como quien dice la ley de gravedad.

El creacionismo y el DI presuponen cosas que han sido reveladas a través de escrituras sagradas. Pensar en que el mundo no tiene mucho más de 5000 años, y que fue creado en 7 días, cuando hay muchas líneas de evidencia experimental que apuntan a que la edad del universo es de entre 10 y 15 mil millones de años (el estudio más reciente la ha calculado en alrededor de 13730 millones de años), nos crea un conflicto: cuando la evidencia experimental está en oposición con la supuesta verdad revelada, ¿con qué nos quedamos? Uno es libre de creer lo que quiera, pero desde hace un tiempo yo elegí dejar de creer. Yo aspiro a saber, es decir, tener por verdadero lo que la evidencia me demuestre que es verdadero. Es decir, soy escéptico.

El problema surge cuando hay grupos en los Estados Unidos que quieren enseñar DI o creacionismo en las clases de ciencia en colegios y universidades. Ambas corrientes basan sus argumentos en premisas que no pueden ser demostrables experimentalmente, por lo tanto no pueden ser consideradas ciencia, y claramente no tienen cabida en una clase donde se enseña ciencia.

Traigo a colación el debate, porque hace poco ocurrió un escándalo que me parece digno de mención. Mis incursiones en la astronomía me han llevado a seguir a Carl Sagan y a Phil Plait, los que son grandes escépticos. Después de leerlos, yo mismo me convertí al escepticismo. Y leyendo a Phil Plait, conocí a su archirrival Paul Zachary (PZ) Myers, con el que siempre se pelea el premio al mejor blog científico. Los dos son rivales, y siempre se tiran bromas pesadas el uno al otro, pero eso es de broma no más, porque queda claro que en el fondo se respetan mucho el uno al otro. Ambos son defensores y popularizadores de la ciencia, y en particular de la evolución, además de ser ateos militantes.

En el último tiempo, Myers había traído a colación la promoción de un documental titulado (y miren el título): Expelled! No Intelligence Allowed, es decir, Expulsados! No se permite inteligencia. Este film está patrocinado por proponentes del DI, y el objetivo del film es denunciar cómo educadores y científicos (esto me merece dudas) son perseguidos por creer que hay evidencia de "diseño". La película afirma que la ciencia no permite disentir del modelo de la evolución de Darwin, y además culpa a dicha teoría de variados males de la sociedad (todo lo cual, de acuerdo con lo que uno ha leído, es falso: si quieres derribar un paradigma, eres libre de intentarlo, pero da argumentos contundentes y razonables. Por otro lado, los males de la sociedad no provienen de los hallazgos de la ciencia por sí mismos, pero sí muchas veces del uso que de ellos se hace).

Hacía rato que Myers venía burlándose en su blog de los productores de la película, sabiendo que en ella se hacía promoción del DI. Los realizadores del documental entrevistaron a Myers y a Richard Dawkins, profesor de Oxford, autor de The God Delusion, otro ateo militante, evolucionista, anti-creacionista y popularizador de la ciencia. También entrevistaron a Peter Atkins, también profesor de Oxford, ateo militante, etc. Sí, el caballero con el que me saqué una foto el año pasado. Un adelanto de la película, donde salen los tres mencionados, subido a YouTube aquí.

La cosa es que hace un par de días hubo un pre-estreno, el cual aparentemente tenía carácter privado, pero invitaron a mucha gente y se hicieron correr más invitaciones por correo electrónico para difundirlo; además fue gratuito. Myers fue. Llevó a su señora, su hija, el pololo, y además invitó a Dawkins y otra gente de la Fundación Richard Dawkins para ver la película. Al entrar a la boletería, se acercó a Myers uno de los realizadores de la película, y le impidió la entrada, amenazándolo con llamar a la policía. Myers fue la única víctima aquí; al resto de su familia y a Dawkins se les permitió entrar.

Myers no tenía intenciones de causar revuelo ahí. No lo ha dicho, pero me imagino que sólo querría ver la película para criticarla por escrito después de verla. Pero después del término de la película había programada una sesión de preguntas y respuestas. De haber estado Myers, éste seguramente habría tomado la palabra, con lo cual la discusión, con toda seguridad, se habría puesto no violenta, pero sí bien densa, con rants de uno y otro lado (me imagino como las reacciones a los comentarios de Francotirador sobre Linux partes 1, 2 y 3). No lo hizo Myers, pero sí lo hizo Dawkins en su nombre, con lo cual lo previsible tuvo lugar de todos modos. Aparentemente los realizadores no reconocieron (!) a Dawkins, porque éste no bloguea, a diferencia de Myers. La reacción de la blogósfera científica estadounidense no se hizo esperar, de hecho Phil Plait fue de los primeros en escribir su comentario apoyando a PZ. La discusión continúa.

En fin... Este es sólo un botón de la situación estadounidense, donde se han ido incluso a batallas legales. Phil Plait ha documentado extensamente el tema en su blog, detallando los estados donde se ha impuesto la enseñanza del creacionismo; el caso más notorio es Texas.

No puedo evitar pensar en qué lejos estamos nosotros de esa realidad. ¿Será que los chilenos somos, en este sentido al menos, más sensatos que los estadounidenses? ¿O es más bien que no se ha planteado el debate? Sobre todo si consideramos que aquí en Chile la presencia católica es mayoritaria, y el Vaticano se ha pronunciado en contra del creacionismo y el DI.

Parece que, después de todo, el catolicismo (al menos en su versión 2008) no hace tan mal.

En el colegio a mí me hicieron poca mención a la teoría de la evolución. Todo lo que recuerdo es unas líneas de mi texto de Ciencias Naturales de 5º ó 6º básico, donde mencionaban que la selección natural de Darwin era el modelo en vigencia, además de mencionar el paso previo propuesto por Lamarck. Tirón de orejas para mi querido Instituto Nacional, donde a los profesores parecía no importarles tanto esa parte de la materia. La profe, cuando estábamos en 4º medio y tenía que pasar ecología y evolución, se embarazó, nadie la reemplazó, y al final no nos pasaron esa materia.

Espero, sinceramente, que el creacionismo y el DI no agarren en Chile. Ambas cosas son, simplemente, ignorancia.

viernes, 21 de marzo de 2008

Mensaje de Ariel para el Chile cristiano

¡Todos a comer carne hoy!

Este mensaje les doy, porque Popeye el Marino soy. Saludos.