miércoles, 10 de junio de 2009

Actualizaciones de mis sitios web

En estos días estaré moviendo las resoluciones de las guías de fisicoquímica a mi página web de la Universidad de Windsor. Ese sitio también recibirá una actualización pronto. Este es el segundo cambio de casa que reciben las famosas resoluciones; primero pasaron de Geocities a Google, pensando en que con la solidez de Google, ese sitio no se iba a bajar. Pero el Google Page Creator se cambiará a Google Sites, y hará aún más restricciones a lo que ya tenía. Lo que no me gustó. Y a buena hora las saqué de Geocities, ahora que Yahoo! cortó el servicio.

No me había decidido antes a hacer el cambio, es que la dirección de Windsor no es muy fácil de aprender ni muy amigable. Capaz que termine pagando por webhosting. No quiero…

Ah, y ahora que estoy cachando, voy a tener que actualizar la página web que sale en cada una de ellas =P

Y cuando publiquemos el paper de espectroscopia de fuerza, también publicaré mi tesis de químico farmacéutico, que está licenciada bajo Creative Commons, pero no la he puesto en mi sitio porque no quiero ponerla a disposición de los motores de búsqueda hasta que salga el dichoso papiro. Marcelo, quedaste de mandarme el último borrador; lo estoy esperando…

Actualización: ya está hecho el cambio, y por mientras, el sitio de Google Pages está redirigiendo al de Windsor

domingo, 31 de mayo de 2009

Balance casi un año después

El año pasado escribí un posteo en este mismo blog donde hacía un balance preliminar, con todas las cosas que perdía y ganaba al venirme a Canadá. Ahora, que llevo casi 10 meses viviendo acá, y falta ya muy poco para que vaya a visitar a mi familia, me pareció interesante hacer el ejercicio de revisar lo que escribí, y contrastar las expectativas que tenía en aquel entonces, con la realidad que he vivido. Como siempre, la teoría versus el experimento. Aquí vamos.

Primero, los flaytes escuchando reguetón en el metro. En toda mi estadía en Canadá, he escuchado reguetón un total de dos veces. Good riddance.

Segundo, el Transantiago. El Transit Windsor funciona bien para tener en cuenta que Windsor es una ciudad pequeña. Cumple horarios, pero es algo lento, la frecuencia de los buses no es todo lo que me gustaría, y hay partes a las que simplemente no llega. Es que aquí todo el mundo tiene auto. Menos yo. Hmmm…

Tercero, las calles llenas de basura, que acá en Canadá no existen. Eso solía ser verdad hasta que a los infames municipales se les ocurrió botarse a huelga. Ya llevan más de un mes, y los pastos están sin cortar, y en las veredas se están acumulando las bolsas. Y el sindicato no tiene mucha pinta de arreglarse con el alcalde. Ay de ti Eddie Francis… En fin, más tarde o más temprano, el camión de la basura volverá a pasar.

Cuarto, los graffiti en las paredes, artistas callejeros, lanzas, el smog de Santiago… Good riddance. Yo me quejaba también del humo de tabaco en casa, pero mi viejo se enfermó, los dos papis se asustaron y ¡paf! dejaron de fumar. Yo me tenía que ir para que el milagro pasara. Linda la custión.

Ahora, las cosas que iba a perder. La familia, los amigos, los conocidos. Hmm, con mis padres hablo todos los días vía Skype. Con los amigos más fieles de Chile chateo vía Messenger. Se les echa de menos, pero no es para tanto. Por otro lado, pasó algo que era como previsible, pero yo no lo tenía en mis proyecciones. Mi ausencia ha significado que todo el cariño que mi mamá me dedicaba a mí, no le queda otra que dedicárselo a mi viejo. Ídem de mi papá hacia mí. Resultado, mis queridos papis se han reencontrado, ahora que volé del nido. Por lo que me contaban mis tías. Con ellas también videochateo semanalmente vía Skype.

A la cómoda cama… sí, la he echado de menos. Los libros… Bueno, ni tanto; tengo libros en PDF y DjVu en el laptop, en el laboratorio hay caleeeeeta de libros de ciencia, casi todo lo que necesito.

Las ricas comidas de los viejos… Sí, sí, las echo de menos. A falta de mis viejos que me cocinen, mi compadre el Pepe se puso en campaña para enseñarme a cocinar. Pasamos de una cocina netamente de supervivencia (arroz, fideos) a pescado al vapor, y pollo al jugo. No me muero de hambre. Gracias querido comparrito Pepiño, no lo olvidaré.

El idioma castellano ni tanto, porque en el segundo semestre de aquí llegaron dos chilenos, a saber mis cumpas Pepe y Pablo que me han provisto del idioma chileno que me hacía falta.

Dije también “los programas que me gustan de la televisión chilena”. La verdad sea dicha, ya ni me acuerdo cuáles eran. Es lo que hay. Es que la tele canadiense satisface todas mis necesidades de televisión. Es muy superior. Descubrí el hockey de hielo y el fútbol americano y canadiense.

También hablé del cielo nocturno en Chile; la Cruz del Sur, el Centauro, la Argonave. A falta de ellas, buenas son la Osa Mayor, la Osa Menor (con la Estrella del Norte que efectivamente señala el Norte), el Cisne, el Dragón. La Cordillera de los Andes… Más de alguna vez la he buscado en vano cerca del horizonte. Al Pablo le ha pasado lo mismo. Al Pepe no, porque él no es de Santiago. El 18 de septiembre, Navidad y Año Nuevo. Grrrr… Sí, me han hecho falta. Las fiestas acá en Norteamérica no han tenido el dulce sabor que solían tener en Chile. Ahí, sobre todo, me ha hecho falta la familia.

La ganancia de nuevos contactos no ha sido tan notable como hubiera esperado. Ha sido bonito, eso sí, salir a tomar cervezas o jugar a la pelota con la gente del laboratorio, Nik, Golam, Pablo y Pepe, y los muchachos que pasaron por el laboratorio el año académico 2008-2009, Artur, Adam y Anna. Y también los españoles que estuvieron de visita, Pablo y Silvia.

La independencia de los papis ha sido algo completamente diferente. La libertad completa ha sido una experiencia completamente nueva y muchas veces desconcertante. A veces se me ha hecho difícil tomar decisiones. Todo el mundo anhela la libertad, sobre todo para divertirse, pero cuando las opciones que uno tiene son demasiadas, y el presupuesto es limitado, y sobre todo que quiero ahorrar, no es tan fácil. Mucha libertad, pero a muchos se les olvida que la libertad está íntimamente ligada a la responsabilidad. Cómo equilibro el estudiar, leer, o dedicarme a las ñoñerías que tanto me gustan, con hacer actividades más sociales. He hecho algo más, he salido algo más de la casa, pero siguen no gustándome las fiestas. Sorry.

Siiii, me mamé la quinta temporada de House enterita, viendo capítulo por capítulo el día y hora de su estreno. También descubrí una serie canadiense, Being Erica.

Hablé luego del invierno canadiense. No recuerdo, de la vez anterior que vine a Windsor, ese viento maricón que te hace sentir más frío del que realmente hace. Hubo un día en que salí de la casa al laboratorio con la friolera de -24°C. Súmenle el efecto del viento. Aún recuerdo a Rob Shervill, el locutor de la radio CKLW, anunciando “minus twenty four degrees in Windsor-Essex”, poniéndole color. ¡Flauta! Cómo lo hice… Bueno, las botas, calzoncillos largos, parka y pasamontañas aguantaron bastante bien en la caminata por la calle (10 min aprox) hasta que iba llegando al CAW Student Centre. Por ahí me empezó a atacar el frío por el agujero de los ojos en el pasamontañas, por la nuca y por la entrada de los guantes. Ya no me podía echar más ropa o tratar de ajustar la que ya tenía; todo estaba lo mejor que podía estar. Sólo quedaba una cosa por hacer: apretar cachete hasta llegar al edificio calefaccionado.

Y a propósito, yo cacho que en Chile voy a echar de menos el programa matinal The Morning Drive de la radio mencionada, con los simpáticos animadores Mike Kakuk y Lisa Williams, y las noticias cada media hora. Pasé del fome despertador a una radio reloj. Y me acostumbré a la radio reloj por la mañana.

Llegando a Windsor tuve que comprar: detergente para lavar mi ropa, una plancha y una tabla de planchar. Y aprender a planchar camisas. También he progresado en la cocina. Yo le tenía miedo al cuchillo cocinero, pero he aprendido que es como el nitrógeno líquido: es como un tercio de lo peligroso que parece. El otro día me sorprendí de ser capaz, solito, de picar pimentón en cubitos. O ayer, de agarrar las presas del pescado, tirarlas y sacarlas del sartén. Mis próximos proyectos son: comprar una bicicleta, y aprender a andar (no, nunca aprendí de chico. Sí, me da vergüenza, pero está en mi agenda ponerle remedio pronto a esa situación).

Conocí a una chiquilla y no funcionó. No nos comprendimos. Sigo participando.

Corregir informes quita mucho tiempo, y puede llegar a ser bien fome. Pero es rico estar a cargo de un laboratorio. Fue muy raro hacer la misma rutina de los laboratorios, lo mismo pero todo en inglés.

Y otra cosa, que me pilló de sorpresa en echar de menos es la idiosincrasia nacional. El humor gringo no es igual; los lugares comunes en las conversaciones son distintos; he echado mucho de menos el inconsciente colectivo de Chile.

En lo científico, ahora sí que aprendí bien a manejar el microscopio de fuerza atómica. También aprendí cómo funcionaba la campana de vacío, con todos sus principios. Y aprendí más mañas del Raman. También aprendí a manejar Gaussian.

Aún no sé si quedarme en Canadá e inmigrar, o volver a Chile. Nada me amarra a ningún lado, y las últimas semanas ese pensamiento me ha abrumado. Mucha libertad incomoda. Sólo me queda darle más tiempo al tiempo y ahí tomaré las decisiones correspondientes. Pero no me gusta saber que el futuro de aquí a unos años, sea una perfecta nebulosa. Por ahora, como le comentaba a mis viejos, estoy con los ojos abiertos frente a las oportunidades que se me presenten, y si se me presenta alguna, haré lo que he hecho siempre, o sea, sacarle el máximo de partido.

domingo, 17 de mayo de 2009

Sobre la página de Google Pages y las guías de fisicoquímica

Hoy quería pegarle una actualizada a mi sitio web y me encontré con la desagradable sorpresa de que el servicio con el que hospedaba dicho sitio web, Google Page Creator, cerrará, porque será reemplazado por la alternativa nueva de Google, que se llama Google Sites. Y, por supuesto, ahí están las resoluciones de las guías de fisicoquímica. A las cuales les tengo cariño, no quiero bajarlas. La cosa es que pronto serán cambiadas contra mi voluntad. Cuando se efectúe el cambio actualizaré las guías y sabré exactamente qué hacer.

En fin, he sacado mi sitio web personal de ahí; lo estaré moviendo pronto a mi dirección de la Universidad de Windsor.

Me pregunto: ¿vale la pena que siga teniendo las resoluciones de las guías ahí? Sean bienvenidos a comentar.

sábado, 25 de abril de 2009

¿Verano?

Hace algunos meses escribí un post donde hice notar que el invierno había llegado de golpe y porrazo, que las temperaturas habían descendido demasiado rápido. Hoy escribo para contar la situación exactamente inversa: con la misma rapidez de hace unos meses, ayer la lectura del termómetro ascendió hasta los 30°. Y pensar que la última nevazón de la temporada ocurrió hace sólo tres semanas. Durante la semana vimos cómo los árboles empezaban a sacar hojitas nuevas y algunas flores, pero aún hacía frío al salir por la mañana, y yo casi me daba con una piedra en el pecho de que las temperaturas superaran el cero, y las máximas con suerte alcanzaban los 15°. Al escuchar la radio hoy por la mañana, el locutor informaba con toda tranquilidad, veinte grados en Leamington, veintiuno en Windsor, Essex. Después fuimos con Pepe a despedir a los españoles, que dejaban Windsor para irse a Vancouver. Ellos se quedaron por dos meses acá en Windsor para hacer investigación y para conocer el lugar; pasearon harto y carretearon harto; sí, eso me incluyó a mí. Lo pasamos muy bien. Al llegar a la casa que ocuparon los españoles, nos dimos cuenta del calor que hacía. Ese maldito calor con humedad, tan requete difícil de soportar, y que te hace creer que hace más calor que el que realmente hace. Le dije a Pepe: “Bienvenido al verano de Windsor”.


Ayer hubo una sesión de pósters en el Devonshire Mall, el centro comercial que nos recuerda que Windsor está igualmente inmerso en la cultura norteamericana del consumismo. La foto de arriba es, por supuesto, la de mi póster. Había premio para los tres pósters más populares. No gané nada, pero al menos sirvió para conversar un poco más con los graduados del departamento, a los que yo aún no termino de conocer, algunos profesores; familiarizarme un poco más con sus líneas de investigación, y sobre todo, moverme un poco de la universidad, en la que he pasado demasiado tiempo.

Ya comenzó la cuenta regresiva para mi regreso temporal a Chile.  Volveré a ver a mis padres, tíos, primos… Conoceré a mi sobrina nueva, la perrita nueva de mis tías, y me apertrecharé de un par de cosas que me han hecho falta en estos ocho meses (hoy sábado 25 cumplo ocho meses en Windsor). También llevaré toda la ropa que no usé. El resto, es sorpresa.

sábado, 28 de marzo de 2009

Varios

No había actualizado el blog, por varias razones. Tiempo ajustado, y sobre todo, lata. Es mucho más fácil leer cosas en Internet que escribir, sobre todo porque hay pero requetetantas cosas en Internet, que como que da lata, además, hacer un aporte extra. ¿Vale la pena, después de todo? ¿Qué es lo que yo, como ser humano, tengo que decirle al mundo? Es más fácil ser reactivo que proactivo, y se me viene a la memoria ese librito de autoayuda que una vez vi, Yo, proactivo. El libro era interesante, pero resulta que es difícil elegir ser proactivo siempre.

A ver, el miércoles se cumplieron veintiseis revoluciones de la Tierra en torno al sol desde el momento en que abandoné el vientre de mi madre. Gracias al famoso Facebook, recibí muchos saludos de cumpleaños, sobre todo de la gente de Chile, pero también varios que no esperaba, como los de mis alumnos de acá de Windsor. Eso fue bonito; no recuerdo haber recibido tantos saludos para otro cumpleaños. Estoy muy agradecido de todos los que se acordaron de mí.

También, hace algo más de una semana recibí un llamado de mi padre en mi celular. Alguien llamó a una tía mía haciéndose pasar por mí. Dijeron que yo había volado de emergencia a Chile, que había arrendado un auto, había chocado y había caído preso; que necesitaba CLP$600.000 y $50.000 más en efectivo. Mi tía llamó a una de sus hijas, la que llamó a otra prima, la que finalmente contactó a mi papá, quien se dio cuenta de que todo era una estafa. Alguien había tratado de engañarlas para sacarles plata. Afortunadamente me contacto muy seguido con mi familia, así que es imposible perderse. Pero varios en mi familia se llevaron un susto grande. Así que tengan cuidado si piensan viajar; después de todo, creo que he publicado demasiada información sobre mi vida en Internet. Me vi obligado a restringir el acceso al material que publiqué en Facebook. Qué pena.

Me he preguntado ¿qué hubiera sido de mí si no hubiera venido a estudiar, y me hubiese quedado trabajando en una farmacia? ¿Cómo habría reaccionado si hubieran apedreado mi local? Probablemente habría tratado de reaccionar diciendo algo así como “Nosotros no tenemos la culpa; las oficinas centrales están en calle bla bla bla… ellos son los que fijan los precios, nosotros somos simples empleados”. Seguro me linchaban igual. Pero es verdad pues, mis colegas sólo obedecen órdenes. Ahora que me acuerdo, eso es lo mismo que decían los militares en aquel tiempo. Después de todo, nosotros no estamos matando gente… ¿o sí? El alza indiscriminada de los precios podría, eventualmente, redundar en el impedimento al acceso a la salud de las personas, lo que, al menos en teoría, podría causar un fallecimiento. ¿Deberían renunciar mis colegas, para no hacerse cómplices de un crimen? Después de todo, la colusión era un secreto a voces. Como que todo el mundo cachaba. La cosa es que nunca nadie reconoció y tampoco nadie dijo nada, hasta ahora.

Nah, no creo que sea para tanto. Requiere valor alzar la voz y derrotar a los poderosos; sobre todo cuando son la mano que nos da de comer. Un valor que pocos tienen.

Eso por ahora. Reanudaré las transmisiones, pero no sé exactamente cuándo.