viernes, 26 de junio de 2009

Video de la reactividad de los metales alcalinos

Este video simplemente me encanta, es uno de mis grandes favoritos de todos los tiempos:

Transcrito y traducido por mí:

“Ahora veamos otra reacción de los metales alcalinos, la reacción con agua. Comenzaremos con el litio. El metal flota sobre el agua y reacciona con ella, dando gas hidrógeno.

Ahora para el sodio. El mismo tipo de cosa sucede, aunque la reacción es un poco más vigorosa. Todos los metales alcalinos reaccionan con agua de la misma forma.

Ahora para el potasio. Esta vez verás una llama. El calor otorgado por la reacción se produce tan rápidamente que el gas hidrógeno prende fuego, y se quema con una llama lila.

El siguiente elemento es el rubidio. Esta vez hemos puesto una pantalla de seguridad entre nosotros y la reacción. Puedes ver que las cosas se ponen gradualmente más terroríficas a medida que bajamos en el grupo.

Probemos el cesio, nuestro quinto metal alcalino.”

Nótese el silbido después de la reacción con cesio.

Tomado de Open2.NET

martes, 23 de junio de 2009

Los primeros días en Chile

Llevo ya seis días de vuelta en mi casa. Por la noche del primer día, mi papá me decía que es como si nunca me hubiera ido. A veces también me da esa impresión. Pero hace frío, hace frío dentro de mi casa y esa es una sensación que hace mucho tiempo que no sentía. He vuelto a comer pan con palta. El domingo cociné arroz para mis viejos, cosa que nunca había hecho antes. Me he reencontrado con mucha gente a la que no veía hace mucho. Montón de sensaciones que hace mucho que no vivía. Otras tantas cosas que sucedieron en mi ausencia, que desconocía y de las que me he ido enterando de a poco. No, simplemente no puedo negar que me fui, que me ausenté de mi patria y de mi hogar por casi diez meses.

Por otro lado, guardo un secreto del que no se puede saber nada. Un secreto en el que aún pienso. En el que he pensado todos estos días. Por ahora, sólo puedo decir que compré una cajita de té de manzana con canela, que pienso llevarme de vuelta a Windsor, para beber en honor de ese secreto. En memoria de todos los secretos que la gente tuvo. Nopilis, Ariel no olvida.

Estos días han sido un poco un “reality check”. Es difícil imaginar que la realidad puede ser de otra forma, pero la verdad es que, ciertamente, las cosas pueden ser distintas, si cada uno pone de su parte. Los deudores habitacionales, Santiago inundado…

Ayer lunes fui de nuevo a la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas. Fue reconfortante saber que al poco rato de llegar  (incluso antes de llegar, de hecho, conversé un minuto con Jorge Soto) ya estaba saludando a personas conocidas, y muchas se alegraban de verme. Fui a saludar a la bibliotecaria, la Sra. Ilse, qué simpática ella. También fui a saludar al profe Martín Contreras (el profe de fisicoquímica, que fue mi supervisor de las ayudantías por tantos años), lo que también fue muy agradable. Conversamos largamente con don Martín, quien me recibió de forma muy afectuosa.

Mi ex-jefe, Marcelo Kogan no estaba, se había ido a Barcelona, pero igual pasé al laboratorio, ahí estaba Juan, un muchacho que entró al grupo de Marcelo poco antes de mi defensa, y un muchacho nuevo que llegó después. Conversamos otro rato también. El laboratorio está muy pero muy cambiado respecto de como lo dejé. Hay un recinto bien habilitado con campana de flujo laminar para el trabajo con células, es decir, ya no hay que mendigarle campana al grupo del profe Lavandero (y aguantar los ladridos de sus estudiantes de postgrado). También Juan me contaba que habilitaron completamente el laboratorio que solía pertenecer al grupo del profesor Ernesto González, y que Marcelo heredó, ahora que el profesor González no se dedicará más a la investigación. A ese laboratorio solíamos decirle “el motel” porque está ubicado en un edificio de madera con varias salas de clases que parecen cabañas, y a esas salas les decían “los moteles”, entonces por extensión, ese laboratorio era “el motel”. Sé de dos explicaciones para el mote; una es que esas “cabañas” parecen moteles de playa, y la otra es que por las noches cerca del verano dicen que esas salas las utilizan, a veces, efectivamente como moteles.

Después de conversar con otros variados viejos amigos, a saber la Lile, la Claudia, la Cecy y el Simón, llegó la Karina, con su microempresa de venta de ropa interior de invierno. Me comentaba de su microempresa, que como la empresa constaba, a saber, de ella como CEO y única empleada, no le alcanzaba ni siquiera para microempresaria, ella era una nanoempresaria. Yo le dije: mientras no te conviertas en una picoempresaria, todo ok. Chiste ñoño con el que Karina se rió mucho. Después fuimos a almorzar, ella me había invitado. Y yo cumplí. Fue bonito también, conversábamos de cómo es de diferente el sistema canadiense. Ella me contaba que su hija la Camila había tenido “la porcina”, y que no había sido nada más que una gripe casi como cualquier otra. Le confesé que me sentía en el aire; como puse en mi Facebook, “no soy de aquí ni soy de allá”. No tengo pareja, hijos, nada me ata a ningún lado. Libertad, te amo y te odio a la vez. Me hace acordarme de esa canción que me gusta tanto de Queen, y que me gusta tocar cada vez que encuentro un piano, It’s a Hard Life: “I don’t want my freedom! There’s no reason for living with a broken heart…”

Después de almuerzo, nos encontramos con Ariel Meneses, ahora alumno del doctorado en química. Me agarraba pa’l chuleteo, “seguro que tuviste muchos problemas con el inglés”… “¿no tuviste problemas con el castellano al volver?”. Casi, la verdad; en un momento me dijo que la Ivonne, ex compañera y ahora estudiante de doctorado, tenía que volver pronto, para dar su… Yo inmediatamente supe a qué se refería, pero casi le digo comprehensive, sabiendo que lo que tenía que decir era el equivalente castellano de esa misma locución, es decir “examen de calificación”. No, si he estado mucho tiempo fuera.

(Olvidé mencionar que en la mañana pasé por la biblioteca y encontré a una persona desconocida que me miró y a la que saludé, como acto reflejo, “Hi!”. En realidad cuando compré el tecito, también le dije hi a la cajera… del Líder. Ah, qué lesera.)

El asunto es que llegué a la casa en metro igual, con un sentimiento un poco de vacío en el alma. No he echado raíces en Canadá, y si bien aún puedo encontrar caras familiares y amables en la escuela de Farmacia, es casi lo mismo que el Instituto Nacional en este momento. Representan el pasado; ya no pertenezco allí, aunque parte de mi corazón se haya quedado con ellos. ¿Dónde, pues, está mi lugar dulce?

He pensado en volver a Chile, pero eso aún no está plenamente decidido. He pensado que si vuelvo a hacer clases, me gustaría volver a cualquier parte que no esté en Santiago. Le comenté eso en nuestra conversación al profe Martín, quien me decía que eso tiene ventajas y desventajas. Es mas difícil hacer investigación en provincias, pero de acuerdo con lo que él había observado, exalumnos de nuestras escuelas capitalinas que se han ido a provincia tienden a ascender rápido en la jerarquía universitaria, lo que por supuesto reporta prestigio y mejores sueldos. No sé, la verdad, qué es mejor, y eso es lo que me desespera un poco.

Creo que por ahora, lo mejor que puedo hacer, es seguir el consejo que me daban mis padres: seguir con los ojos abiertos, esperando que se presente alguna oportunidad para mí, y una vez que esa oportunidad exista, tomarla y sacarle el máximo de partido.

miércoles, 10 de junio de 2009

Actualizaciones de mis sitios web

En estos días estaré moviendo las resoluciones de las guías de fisicoquímica a mi página web de la Universidad de Windsor. Ese sitio también recibirá una actualización pronto. Este es el segundo cambio de casa que reciben las famosas resoluciones; primero pasaron de Geocities a Google, pensando en que con la solidez de Google, ese sitio no se iba a bajar. Pero el Google Page Creator se cambiará a Google Sites, y hará aún más restricciones a lo que ya tenía. Lo que no me gustó. Y a buena hora las saqué de Geocities, ahora que Yahoo! cortó el servicio.

No me había decidido antes a hacer el cambio, es que la dirección de Windsor no es muy fácil de aprender ni muy amigable. Capaz que termine pagando por webhosting. No quiero…

Ah, y ahora que estoy cachando, voy a tener que actualizar la página web que sale en cada una de ellas =P

Y cuando publiquemos el paper de espectroscopia de fuerza, también publicaré mi tesis de químico farmacéutico, que está licenciada bajo Creative Commons, pero no la he puesto en mi sitio porque no quiero ponerla a disposición de los motores de búsqueda hasta que salga el dichoso papiro. Marcelo, quedaste de mandarme el último borrador; lo estoy esperando…

Actualización: ya está hecho el cambio, y por mientras, el sitio de Google Pages está redirigiendo al de Windsor

domingo, 31 de mayo de 2009

Balance casi un año después

El año pasado escribí un posteo en este mismo blog donde hacía un balance preliminar, con todas las cosas que perdía y ganaba al venirme a Canadá. Ahora, que llevo casi 10 meses viviendo acá, y falta ya muy poco para que vaya a visitar a mi familia, me pareció interesante hacer el ejercicio de revisar lo que escribí, y contrastar las expectativas que tenía en aquel entonces, con la realidad que he vivido. Como siempre, la teoría versus el experimento. Aquí vamos.

Primero, los flaytes escuchando reguetón en el metro. En toda mi estadía en Canadá, he escuchado reguetón un total de dos veces. Good riddance.

Segundo, el Transantiago. El Transit Windsor funciona bien para tener en cuenta que Windsor es una ciudad pequeña. Cumple horarios, pero es algo lento, la frecuencia de los buses no es todo lo que me gustaría, y hay partes a las que simplemente no llega. Es que aquí todo el mundo tiene auto. Menos yo. Hmmm…

Tercero, las calles llenas de basura, que acá en Canadá no existen. Eso solía ser verdad hasta que a los infames municipales se les ocurrió botarse a huelga. Ya llevan más de un mes, y los pastos están sin cortar, y en las veredas se están acumulando las bolsas. Y el sindicato no tiene mucha pinta de arreglarse con el alcalde. Ay de ti Eddie Francis… En fin, más tarde o más temprano, el camión de la basura volverá a pasar.

Cuarto, los graffiti en las paredes, artistas callejeros, lanzas, el smog de Santiago… Good riddance. Yo me quejaba también del humo de tabaco en casa, pero mi viejo se enfermó, los dos papis se asustaron y ¡paf! dejaron de fumar. Yo me tenía que ir para que el milagro pasara. Linda la custión.

Ahora, las cosas que iba a perder. La familia, los amigos, los conocidos. Hmm, con mis padres hablo todos los días vía Skype. Con los amigos más fieles de Chile chateo vía Messenger. Se les echa de menos, pero no es para tanto. Por otro lado, pasó algo que era como previsible, pero yo no lo tenía en mis proyecciones. Mi ausencia ha significado que todo el cariño que mi mamá me dedicaba a mí, no le queda otra que dedicárselo a mi viejo. Ídem de mi papá hacia mí. Resultado, mis queridos papis se han reencontrado, ahora que volé del nido. Por lo que me contaban mis tías. Con ellas también videochateo semanalmente vía Skype.

A la cómoda cama… sí, la he echado de menos. Los libros… Bueno, ni tanto; tengo libros en PDF y DjVu en el laptop, en el laboratorio hay caleeeeeta de libros de ciencia, casi todo lo que necesito.

Las ricas comidas de los viejos… Sí, sí, las echo de menos. A falta de mis viejos que me cocinen, mi compadre el Pepe se puso en campaña para enseñarme a cocinar. Pasamos de una cocina netamente de supervivencia (arroz, fideos) a pescado al vapor, y pollo al jugo. No me muero de hambre. Gracias querido comparrito Pepiño, no lo olvidaré.

El idioma castellano ni tanto, porque en el segundo semestre de aquí llegaron dos chilenos, a saber mis cumpas Pepe y Pablo que me han provisto del idioma chileno que me hacía falta.

Dije también “los programas que me gustan de la televisión chilena”. La verdad sea dicha, ya ni me acuerdo cuáles eran. Es lo que hay. Es que la tele canadiense satisface todas mis necesidades de televisión. Es muy superior. Descubrí el hockey de hielo y el fútbol americano y canadiense.

También hablé del cielo nocturno en Chile; la Cruz del Sur, el Centauro, la Argonave. A falta de ellas, buenas son la Osa Mayor, la Osa Menor (con la Estrella del Norte que efectivamente señala el Norte), el Cisne, el Dragón. La Cordillera de los Andes… Más de alguna vez la he buscado en vano cerca del horizonte. Al Pablo le ha pasado lo mismo. Al Pepe no, porque él no es de Santiago. El 18 de septiembre, Navidad y Año Nuevo. Grrrr… Sí, me han hecho falta. Las fiestas acá en Norteamérica no han tenido el dulce sabor que solían tener en Chile. Ahí, sobre todo, me ha hecho falta la familia.

La ganancia de nuevos contactos no ha sido tan notable como hubiera esperado. Ha sido bonito, eso sí, salir a tomar cervezas o jugar a la pelota con la gente del laboratorio, Nik, Golam, Pablo y Pepe, y los muchachos que pasaron por el laboratorio el año académico 2008-2009, Artur, Adam y Anna. Y también los españoles que estuvieron de visita, Pablo y Silvia.

La independencia de los papis ha sido algo completamente diferente. La libertad completa ha sido una experiencia completamente nueva y muchas veces desconcertante. A veces se me ha hecho difícil tomar decisiones. Todo el mundo anhela la libertad, sobre todo para divertirse, pero cuando las opciones que uno tiene son demasiadas, y el presupuesto es limitado, y sobre todo que quiero ahorrar, no es tan fácil. Mucha libertad, pero a muchos se les olvida que la libertad está íntimamente ligada a la responsabilidad. Cómo equilibro el estudiar, leer, o dedicarme a las ñoñerías que tanto me gustan, con hacer actividades más sociales. He hecho algo más, he salido algo más de la casa, pero siguen no gustándome las fiestas. Sorry.

Siiii, me mamé la quinta temporada de House enterita, viendo capítulo por capítulo el día y hora de su estreno. También descubrí una serie canadiense, Being Erica.

Hablé luego del invierno canadiense. No recuerdo, de la vez anterior que vine a Windsor, ese viento maricón que te hace sentir más frío del que realmente hace. Hubo un día en que salí de la casa al laboratorio con la friolera de -24°C. Súmenle el efecto del viento. Aún recuerdo a Rob Shervill, el locutor de la radio CKLW, anunciando “minus twenty four degrees in Windsor-Essex”, poniéndole color. ¡Flauta! Cómo lo hice… Bueno, las botas, calzoncillos largos, parka y pasamontañas aguantaron bastante bien en la caminata por la calle (10 min aprox) hasta que iba llegando al CAW Student Centre. Por ahí me empezó a atacar el frío por el agujero de los ojos en el pasamontañas, por la nuca y por la entrada de los guantes. Ya no me podía echar más ropa o tratar de ajustar la que ya tenía; todo estaba lo mejor que podía estar. Sólo quedaba una cosa por hacer: apretar cachete hasta llegar al edificio calefaccionado.

Y a propósito, yo cacho que en Chile voy a echar de menos el programa matinal The Morning Drive de la radio mencionada, con los simpáticos animadores Mike Kakuk y Lisa Williams, y las noticias cada media hora. Pasé del fome despertador a una radio reloj. Y me acostumbré a la radio reloj por la mañana.

Llegando a Windsor tuve que comprar: detergente para lavar mi ropa, una plancha y una tabla de planchar. Y aprender a planchar camisas. También he progresado en la cocina. Yo le tenía miedo al cuchillo cocinero, pero he aprendido que es como el nitrógeno líquido: es como un tercio de lo peligroso que parece. El otro día me sorprendí de ser capaz, solito, de picar pimentón en cubitos. O ayer, de agarrar las presas del pescado, tirarlas y sacarlas del sartén. Mis próximos proyectos son: comprar una bicicleta, y aprender a andar (no, nunca aprendí de chico. Sí, me da vergüenza, pero está en mi agenda ponerle remedio pronto a esa situación).

Conocí a una chiquilla y no funcionó. No nos comprendimos. Sigo participando.

Corregir informes quita mucho tiempo, y puede llegar a ser bien fome. Pero es rico estar a cargo de un laboratorio. Fue muy raro hacer la misma rutina de los laboratorios, lo mismo pero todo en inglés.

Y otra cosa, que me pilló de sorpresa en echar de menos es la idiosincrasia nacional. El humor gringo no es igual; los lugares comunes en las conversaciones son distintos; he echado mucho de menos el inconsciente colectivo de Chile.

En lo científico, ahora sí que aprendí bien a manejar el microscopio de fuerza atómica. También aprendí cómo funcionaba la campana de vacío, con todos sus principios. Y aprendí más mañas del Raman. También aprendí a manejar Gaussian.

Aún no sé si quedarme en Canadá e inmigrar, o volver a Chile. Nada me amarra a ningún lado, y las últimas semanas ese pensamiento me ha abrumado. Mucha libertad incomoda. Sólo me queda darle más tiempo al tiempo y ahí tomaré las decisiones correspondientes. Pero no me gusta saber que el futuro de aquí a unos años, sea una perfecta nebulosa. Por ahora, como le comentaba a mis viejos, estoy con los ojos abiertos frente a las oportunidades que se me presenten, y si se me presenta alguna, haré lo que he hecho siempre, o sea, sacarle el máximo de partido.

domingo, 17 de mayo de 2009

Sobre la página de Google Pages y las guías de fisicoquímica

Hoy quería pegarle una actualizada a mi sitio web y me encontré con la desagradable sorpresa de que el servicio con el que hospedaba dicho sitio web, Google Page Creator, cerrará, porque será reemplazado por la alternativa nueva de Google, que se llama Google Sites. Y, por supuesto, ahí están las resoluciones de las guías de fisicoquímica. A las cuales les tengo cariño, no quiero bajarlas. La cosa es que pronto serán cambiadas contra mi voluntad. Cuando se efectúe el cambio actualizaré las guías y sabré exactamente qué hacer.

En fin, he sacado mi sitio web personal de ahí; lo estaré moviendo pronto a mi dirección de la Universidad de Windsor.

Me pregunto: ¿vale la pena que siga teniendo las resoluciones de las guías ahí? Sean bienvenidos a comentar.