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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Balance anual 2010

Y llega, otra vez, el momento de hacer el balance del año. Este año ha tenido yo diría que bastante más de dulce que de agraz para mí.

El 2009 terminó, y el 2010 comenzó con la aventura del nacimiento de los gemelos Encina, a los que he visto muy de cerca durante todo el transcurso del año, y a los que quiero mucho. Precisamente esta noche se cumple un año desde su nacimiento. He seguido compartiendo con los Encina, quienes me han recibido en su casa como un miembro más de su familia.

Zafé olímpicamente del terremoto al encontrarme en Canadá.

Dejamos de hablarnos con esa persona que algún tiempo atrás me escribía posteos anónimos en este blog. Podría extenderme mucho, mucho sobre ella y lo que significaron nuestras largas conversaciones, pero sólo diré que aún pienso en ella en ocasiones, y estoy 100% seguro de que ella aún piensa en mí.

Aún estoy al debe en el tema sentimental. Hice progresos, hubo besos, rompí un corazón (una sensación muy poco familiar para mí) y también rompieron el mío, pero aún no tengo una relación estable. Sigo participando.

Disfruté más mi visita a Chile este año. Como siempre, me regalonearon harto, compré lápices de pastel, e hice dos dibujos especialmente dedicados a mis padres. Compartí con la gente de la Facultad de Ciencias, en especial con mi compadre Pepe Cárcamo y di un total de tres seminarios (en realidad es el mismo que di en tres partes distintas, en Ciencias de la Chile, en Física de la USACH y en Ciencias Químicas para el grupo de mi viejo supervisor Marcelo Kogan).

Conocí a variada gente nueva provenientes de distintas partes del globo y que ahora son buenos amigos. Gracias a Elena y a Rosa de España, a Pedro de Brasil, y a Igor de Chile por los bonitos momentos que compartimos. También a Haider que se incorporó este año a nuestro grupo de investigación y que es un gran tipo.

Por primera vez veo un mundial de fútbol fuera de Chile.

En lo profesional, este año se publicaron dos artículos científicos donde yo voy como primer autor, el de espectroscopia de fuerza con mi supervisor antiguo de Chile, en Langmuir, y el primero con mi grupo de Canadá, de fluorescencia aumentada por superficie, en Angewandte Chemie. Tengo dos más en preparación con mi grupo, más un tercero que puede salir, la otra mitad de mi tesis de pregrado, el artículo de los péptidos. También tuve la oportunidad de asistir al congreso ICORS 2010, donde conocí a mucha gente del medio y aprendí muchísimo, además de ser la primera vez que visito los Estados Unidos. No me gustan los Estados Unidos en general, salvo ciertas cosas, pero no puedo negar que disfruté la semana que pasé en Boston. El trabajo que presenté quedó en el libro de proceedings de la conferencia, de tal modo que aparece ahora en los buscadores y mi cuenta total de publicaciones asciende a cinco. Vamos progresando.

Parece que es bueno no tener expectativas para el año anterior, como no las tuve el año pasado para esta misma fecha. No las tendré tampoco para el 2011.

Miento, en realidad sí tengo una expectativa… veremos qué pasa.

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo para todos los que pasan por aquí

lunes, 21 de diciembre de 2009

Balance anual 2009

Estoy escuchando uno de mis placeres culpables. La verdad, no tengo idea por qué me gusta; pero la verdad tiempo atrás escuché (en la Oasis, cuando aún estaba en Chile) a Demis Roussos cantando My Friend the Wind y por alguna razón me encantó la canción, y desde entonces que se ha vuelto mi placer culpable. Me gusta Vangelis, se nota el toque modernista electrónico de él en la canción de su amigo y compatriota Demis Roussos, pero la canción conserva, sobre todo en las mandolinas del coro, el toque griego… Helenimou, Aghapimou, Manoulamou…

Y llegó el momento de actualizar el blog, por la época del año en que lo hago tiene que ser el balance anual. ¿Qué tal fue este año?

Es lo que le comentaba el otro día a alguien muy especial… Como que al momento de pensarlo, me daban ganas de pensar que este año fue malo, que sólo quiero que se acabe. Pero la verdad, empecemos a hacer inventario:

- Este año me reencontré con el arte. Apenas me vi con la plata suficiente, no aguanté más y me compré una guitarra. Que me sirvió para retomar la música, el guitarreo, el canto y hasta componer una canción. Canción que sirvió como regalo de cumpleaños para esa persona tan especial para mí. Más adelante en el año, inspirado por aquella persona tan hermosa, me reencontré con mi viejo pasatiempo de dibujar retratos… Ya he hecho seis, uno será un regalo de Navidad que haré.

- Este año estoy terminando mi primer paper con mi nuevo grupo de investigación. Tal vez podría haber sido más productivo, pero hey…

- Aprobé satisfactoriamente todos mis ramos de postgrado, incluyendo el curso de química computacional al que la verdad le tenía su resto de miedo.

- Me reencontré con la fisicoquímica, curso al que quiero tanto.

- Tuve amigos chilenos que hicieron más grata mi estadía en Windsor. Los gringos quedan al debe.

- Pude viajar a Chile a ver a mi familia a mitad de año. La distancia me enseñó cuánto los quiero y cuánto me quieren ellos a mí. Es mucho, muchísimo. Los echo de menos.

- Gocé de buena salud. Con cueva un par de resfríos. No me enfermé de porcina; todo lo contrario, apenas pude me puse la vacuna contra ella.

- Tuve plata para darme pequeños gustos, y hasta para ahorrar. Un ahorro modesto, pero significativo. Sigo siendo pobre comparado con el estándar de vida norteamericano, pero al menos vivo dignamente.

- Aprendí a cocinar. Ya no me muero de hambre.

- El amor llegó, de la forma más improbable e inesperada. Traté de conocer chicas a principios de año usando un sitio de personales, pero tal cosa no prosperó. No nos llevamos, al final la única niña con la que salí terminó por aburrirme. El amor me encontró, tomándome por asalto, de otra forma. No quiero hablar demasiado de ello aquí, sobre todo porque a veces tengo la impresión de que ojos espías leen este blog, a la espera de que me refiera a “ella”. Sólo diré que lamento la mala acogida que tuve por parte de su familia, que por lo que me contaba ella, se cerró completamente a la posibilidad de escuchar nuestra historia y tratar de entender. La verdad, sé que tenían buenas razones para desconfiar; he sabido de historias de horror ocurridas en situaciones comparables a la nuestra, y no los culpo por querer proteger a su amada hija; todo lo contrario, los entiendo.

Fue bastante menos que perfecto, pero honestamente, no puedo decir que éste haya sido un mal año.

No pido nada para este 2010. Me conformaré con lo que Dios quiera ofrecerme.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Cosas que pasan…

Ayer prendí el Messenger temprano en la noche, justo después de hablar con mis padres y justo se conectó una vieja amiga, a la que no veo en persona desde hace bastante tiempo, algo más de un año, y con la que no hablaba desde entonces. No la identificaré, para protegerla. Tantos litros, ¿qué has estado haciendo?, le pregunté. Unas cosas nada que ver con lo que yo esperaba oír. Ah, o sea, te has alejado del lado de… ¿No supiste lo que pasó, Ariel? Claramente, yo no sabía. Me contó una historia de horror que no revelaré, porque me da la idea de que entre algún lector esporádico de este blog puede haber alguna parte interesada. Pero me dejó pensando toda la noche; me costó quedarme dormido y me tuvo toda la mañana pensando en ella. Una decisión, por decir lo menos cuestionable, que le causó un conflicto bien grave con otra persona, y que le ha significado mucho sufrimiento. No apruebo lo que hizo pero ¿quién soy yo para juzgarla? El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Desafortunadamente, no puedo ir donde ella ahora y no sé, invitarle alguna cosa para subirle el ánimo, pero le dije que si necesitaba alguien con quien hablar, yo me conecto de vez en cuando al Messenger. Por la tarde mi jefe me empezó a bombardear con pega, así que ahí pude desviar un poco la atención.

Pero no pude evitar quedar mal, triste, por cómo, por decirlo con una metáfora, en un jardín de flores hermosas, de pronto se mueren, y son reemplazadas por una horrible podredumbre, un lugar que no quieres visitar porque te causa daño…

Y así fue como quedé triste por un problema que ni siquiera es mío. No, a mí me está yendo muy bien.

martes, 25 de agosto de 2009

Al aguaite

Pronto empezarán de nuevo las clases aquí en Windsor. El verano está comenzando a ceder terreno; las temperaturas han decaído levemente. Hoy fui a conversar con una de las técnicos de laboratorio para tratar de hacer algo de vida social, y volví con el manual de laboratorio del curso 240 (fisicoquímica) y un montón de consejos para enfrentar esa ayudantía en la cabeza. Me agarraba pa’l chuleteo “no vas a querer volver más por acá”. No, ella es simpática, pero es inevitable agarrar un poquito de distancia cuando te das cuenta de que ella te supervisará. Se supone que no es mi jefa, pero casi, porque ella es la técnico responsable de los laboratorios.

Hoy he andado un poco emo, por la despedida ocurrida este último fin de semana. Me acordé de Aslan en Las crónicas de Narnia (Libro 3, La travesía del Explorador del Amanecer) cuando reta a la Lucy Pevensie porque le dice que no debe pensar en lo que podría haber pasado. Y es verdad, no tiene mucho sentido.

Éste no es el momento para echarse para atrás. Ahora tengo que terminar lo que empecé. Estoy lo suficientemente metido en mi postgrado como para que no sea conveniente echarme para atrás, y estoy lo suficientemente lejos del final para no tener idea de cuál será mi futuro a largo plazo.

Seguiremos, pues, al aguaite de las cosas.

jueves, 30 de julio de 2009

La Señorita Cora de Julio Cortázar

Ayer martes vino al laboratorio una niña a la que le había estado echando el ojo desde hacía bastante tiempo; resultó que ella es de ingeniería y necesitaba ocupar el microscopio Raman. Cuando había conversado con el jefe, él había designado a Nik para que le ayudara, pero Nik no se apareció en toda la mañana, así que yo le ofrecí ayudarle. Se demoró mucho en volver con sus muestras, pero llegó. Se llamaba Cora me dijo, aunque quizás cómo se escribe en realidad, porque ella es iraní, originalmente. Traté de meterle conversa, de explicarle más o menos de qué se trataba, pero pasó más o menos lo mismo que pasa con toda la gente que viene a usar el equipo sin cachar una de espectroscopia: no saben bien qué es lo que quieren, qué es lo que necesitan. La cosa es que tampoco me dejó meterle mucha conversa, y me sentí bastante tonto, como que no quiso medir mucho mientras yo estaba, y eso que después, cuando finalmente llegó Nik, ella hizo prácticamente lo mismo que le mostré yo.

Como sea, el nombre me hizo acordarme de cuando estábamos en primero medio y a la profe Ema Salamanca se le ocurrió que leyéramos ese cuento famoso de Julio Cortázar, La señorita Cora. Recuerdo que quedé traumatizado cuando lo leí, me sentí malísimo. En ese momento no pensé mucho en el por qué me sentí tan mal al leerlo, pero ahora que lo pienso, debe tener que ver con que en ese año de 1997 yo estaba obsesionado con una niña que iba en el Liceo 7, y que era casi un año mayor que yo. Como el protagonista del cuento, que se enamora de la enfermera, y que quiere hacerse el mayorcito.

Al año siguiente, el profe de guitarra mencionado en el post anterior, me cagó olímpicamente, porque yo seguía viendo a esta niña, me seguía gustando, y un día el profe me vio llegar a esa habitación del segundo piso de la Casa de la Cultura de Ñuñoa donde tenían lugar las clases de guitarra, me preguntó cómo estaba, no supe darle una respuesta, y me espetó “Usted, don Ariel, se enamoró… de una mujer mayor”.

CSM. No quise saber cómo había adivinado. No me salían las palabras, no atinaba a nada. Ahí quedé, desarmado, como un espadachín que contempla cómo el oponente, en un paso casi mágico y sin darme cuenta, hizo volar limpiamente la espada de mis manos…

Después de que salí de cuarto medio, sólo una vez volví a ver a esa niña, en la biblioteca de su facultad. Ahí me enteré que estudiaba Ingeniería Comercial. Pero después de ese encuentro, nunca más supe de ella.

Link al texto completo del cuento La señorita Cora de Julio Cortázar.

miércoles, 29 de julio de 2009

The Rain Song de Led Zeppelin

Y el otro día, mi secreto me contó que a su papá le gustaba Zeppelin, además le gustaban los boleros y no pude evitar, en cuanto me lo dijo, agarrar la guitarra y tratar de ensayar todos los boleros que me supiera, además de Stairway to Heaven. Pero esta última canción es como la más famosa de Zeppelin, todos los locos que aprenden a tocar guitarra tratan de aprenderse (igual que yo) la guitarra del inicio.

Cuando tenía dieciséis años yo tuve unas clases de guitarra rock con un profe que se llamaba Ramón Freire, y él me hizo conocer esta canción de Zeppelin que me hipnotizó desde el principio. Igual que ella. Nunca ha dejado de gustarme, sobre todo porque ahora que lo pienso, después de escuchar hartas canciones de Zeppelin, si uno considera a las canciones de Zeppelin como las flores de un jardín, resulta que, al menos para mí, ésta canción es como ella, la flor más hermosa y rara del jardín.

¿Por qué? Porque Jimmy Page se toma muchas molestias para tocarla, como cambiar la afinación de la guitarra, como utilizar unas armonías requetecontra rebuscadas, porque es algo peludita de tocar, por el arreglo de John Paul Jones en el mellotron que imita una orquesta de cuerdas, el piano, que no interviene en casi ninguna canción de Zeppelin… La locura de las líneas vocales de Robert Plant, y la suave contribución de la batería de John Bonham, que sin embargo se vuelve rockera y apasionada en el clímax de la canción. Y más encima es larguita. Ah, nooo, si es una obra maestra. Es una canción mucho más suave, y a la vez, “matea” que el común de las composiciones de Led Zeppelin.

Como ella.

The Rain Song es uno de mis grandes favoritos de toda la música de todos los tiempos. Averiguando en la Wikipedia, resulta que Jimmy Page se inspiró en George Harrison para componerla, y de hecho los dos primeros acordes son tomados de su exitazo de la época de los Beatles, Something. Que, por esas casualidades de la vida, es otro de mis grandes favoritos de todos los tiempos. Pero los Beatles son otro capítulo de mi vida, que podrá ser contado en otra ocasión.

Video de YouTube de la versión de estudio:

En YouTube hay más versiones de esta misma canción en vivo, tanto por Led Zeppelin como por Page & Plant. Creo que ya los escuché todos…

Ah, y si van a ver este mismo video en el sitio de YouTube, sale la letra y el texto del artículo de Wikipedia en inglés.

jueves, 9 de julio de 2009

Poema 17 de Pablo Neruda

Pensando, enterrando lámparas en la profunda soledad
¿Quién eres tú, quién eres?

Sí, y yo estaba pensando ¿de dónde había sacado esa frase que me llamaba tanto la atención? Yo estaba seguro de que con esa frase terminaba un poema. No me acordaba cuál, hasta que anoche me aburrí y decidí pedirle ayuda a Google para refrescar la memoria. Y claro, me encontré con que era el Poema 17, del clasicazo Veinte poemas de amor y una canción desesperada. No goza de la popularidad del 20, mucho menos la del 15, que es con diferencia el más famoso (“Me gustas cuando callas, porque estás como ausente…”). Tan famoso que un día equis, hace algunos años, de repente me encuentro con alguien en Messenger que lo parodiaba ingeniosamente: “Me gustas cuando te conectas porque estás como “Ausente”. =P

Lindo el poema 17, me llamó mucho la atención cuando lo leí por vez primera. Era chico yo igual. No me había enamorado. No me imaginaba, tampoco, que alguna vez me iba a identificar, y que le iba a decir a una mujer con esa misma vehemencia: “¿Quién eres tú, quién eres?”

Aquí hay un link al texto completo del poema.

martes, 30 de junio de 2009

Más sobre Chile

Estoy de vacaciones, así que puedo escribir harto. Los posteos largos y más a menudo son la orden del día.

Días grises y fríos me han acompañado en este viaje a Chile. Me dicen que traje el frío y la lluvia desde Canadá. Es como raro, porque allá están en verano ahora. O sea, claro, el último invierno fue particularmente crudo…

Pero con todas las cosas que uno puede decir que no le gustan, me doy cuenta de que Chile igual me gusta. A pesar de todo. Me he dado cuenta de ello desde el miércoles pasado, cuando el profesor Clavijo (más conocido como “Chindo”) me dio un ‘tour’ por la Facultad de Ciencias. Una suerte de cabañas (no muy distintas de los “moteles” de Olivos), construcciones de madera, no muy consistentes con la idea que a uno le han metido de una universidad como grandes edificios; pero al mirar por las ventanas uno descubre laboratorios con la mayoría de las comodidades de los laboratorios modernos de investigación, en términos de instrumental.

Por otro lado, está la idiosincrasia nacional, los garabatos, los lugares comunes en las conversaciones, esa familiaridad con la cultura propia, y que muchas veces uno no se da cuenta que está ahí hasta que la pierde. Todo ello hace que a los estudiantes les guste mucho la universidad acá en Chile. Tiene todo un ambiente que resulta acogedor y hasta agradable.

Fue extraño, eso sí, que esta vez me presentara como “él que viene de Canadá”. Plop. No es mentira, pero me hacía sentir como que me daba una importancia que no creo tener. No soy ná mi jefe el profesor Aroca que sí que es un invitado VIP cuando viene. Soy su alumno no más.

El jueves por la noche me reencontré con varios de mis viejos amigos del colegio, y con los que tocábamos en la orquesta, a saber Guillermo, Nicolás, Micho y Claudio. Fue bonito, compartimos unas cervezas, un vinacho… También conversamos montones de la vida y del amol. Hasta tocamos música un ratito; después de todo, estábamos en la casa de Guillermo que ahora está dedicado completamente a su banda. Había muerto Michael Jackson, era la primicia y al principio no la creíamos, porque nos dimos por enterados cuando alguien en la calle le hizo el comentario a Guillermo. Ya no ve mucha tele, tuvo que enchufar la tele, traer el alargador, y tuvimos que ver las noticias a las nueve para cerciorarnos de que era verdad. Hasta cantábamos temas de Michael, desde Don’t stop till you get enough que era el favorito de Nicolás, pasando por cosas como Ben, You are not alone, Black or White o Smooth Criminal.

El viernes fue el turno de la Cristina, compañera de Farmacia, que hace poco entró a trabajar al Laboratorio de Criminalística de Investigaciones. Estaba muy orgullosa porque ese día la habían llevado a un SS (sitio del suceso), y se había tenido que poner uno de esos trajes blancos que le cubren todo el cuerpo y la hacen parecer un Teletubbie, de hecho me contaba que agarraba para el chuleteo a su compañero diciéndole “Hoaaa” y “Ayooosh”. Estaba la prensa en el SS y de hecho salió en la tele, la mostraron en varios canales con su traje de Teletubbie. También le tuvo que tomar muestras al imputado. Por otro lado, cuando llegamos a su casa, la Cristina hizo una pizza que le quedó muy rica. Conversamos harto también, y fue bonito. Estaba también su prima chica Katia, a quien me di el gusto de mostrarle montón de estrellas en el cielo, y el planeta Júpiter, que como a las 11 de la noche ya estaba más alto que la cordillera. Como decía, los cielos nublados me han seguido, y esa ha sido de las pocas noches en que he podido ver con confianza mi lindo y querido cielo sureño. Feliz de volver a ver la Cruz del Sur, el Centauro y el Escorpión, que allá en Canada apenas si lo veo porque queda muy bajo.

A la Cristina también le conté de mi secreto. Es la única a quien le he contado.

El sábado sí que fue “wow”, porque me hicieron la reunión familiar de bienvenida. Había comida para alimentar a un regimiento. Mi tía Sandy se las mandó con una torta (sabor Tres Leches… ¡uta que estaba rica!) que tenía el lindo detalle de decir “Welcome Home”. Estaban el Leo y mi prima la Pame, con su hija (mi sobrinita) la Fran, a quien por fin pude conocer en persona. El nacimiento de la Fran ha revolucionado a la familia, porque hacía rato que no había nacimientos ni casamientos en la familia. Aparte que es tan rica la bebé… Es significativo que el año pasado también me hicieron una recepción, donde mismo, para despedirme, y en aquella ocasión la Pame aprovechó para anunciar  de que estaba embarazada y que pronto seríamos tíos. Un año después, es la bebé la que se roba la película de la reunión familiar. Yo le había comprado un pijamita rosado en Loblaws, y se lo regalé al Leo y a la Pame. Sacábamos cuentas, la Fran será la primera que me diga “Tío Ari”. Ese momento tenía que llegar. Es la vida.

Y también estaba mi primito querido el Dany, que trajo el terrible costillar de cerdo, y tiró a la parrilla unos buenos anticuchos. Tuve que comer poquitito de todo, para poder comer de todas las cosas que había. Estoy muy, pero muy agradecido de todos, porque lo pasamos muy bien.

Hay varias fotos de dicha reunión familiar en mi Flickr, Fran incluida.

Ayer lunes retomé una tradición que tuvimos que interrumpir por causa de mi viaje, a saber, las salidas al cine con mi tía Sandy. Fuimos a ver Transformers 2. Ah, y antes de eso, estuvimos dándonos vueltas (como es la tradición) por la librería Antártica, mirando las últimas novedades en libros. Por la tarde estuve invitado junto con mis padres a la casa de la Sra Patty, que es prima de la Sra Quena, la señora que me recibe en Toronto. También estuvo bonita dicha recepción.

Han sido bonitos, a pesar de los días nublados con lluvia intermitente, estos días que he pasado en mi patria. He vuelto a recibir el cariño de mi familia. He comido harto y rico. Son todas esas lindas cosas las que hacen que quiera quedarme.

Pero no debo dejar a medias lo que ya empecé en Windsor.

Debo volver.

martes, 23 de junio de 2009

Los primeros días en Chile

Llevo ya seis días de vuelta en mi casa. Por la noche del primer día, mi papá me decía que es como si nunca me hubiera ido. A veces también me da esa impresión. Pero hace frío, hace frío dentro de mi casa y esa es una sensación que hace mucho tiempo que no sentía. He vuelto a comer pan con palta. El domingo cociné arroz para mis viejos, cosa que nunca había hecho antes. Me he reencontrado con mucha gente a la que no veía hace mucho. Montón de sensaciones que hace mucho que no vivía. Otras tantas cosas que sucedieron en mi ausencia, que desconocía y de las que me he ido enterando de a poco. No, simplemente no puedo negar que me fui, que me ausenté de mi patria y de mi hogar por casi diez meses.

Por otro lado, guardo un secreto del que no se puede saber nada. Un secreto en el que aún pienso. En el que he pensado todos estos días. Por ahora, sólo puedo decir que compré una cajita de té de manzana con canela, que pienso llevarme de vuelta a Windsor, para beber en honor de ese secreto. En memoria de todos los secretos que la gente tuvo. Nopilis, Ariel no olvida.

Estos días han sido un poco un “reality check”. Es difícil imaginar que la realidad puede ser de otra forma, pero la verdad es que, ciertamente, las cosas pueden ser distintas, si cada uno pone de su parte. Los deudores habitacionales, Santiago inundado…

Ayer lunes fui de nuevo a la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas. Fue reconfortante saber que al poco rato de llegar  (incluso antes de llegar, de hecho, conversé un minuto con Jorge Soto) ya estaba saludando a personas conocidas, y muchas se alegraban de verme. Fui a saludar a la bibliotecaria, la Sra. Ilse, qué simpática ella. También fui a saludar al profe Martín Contreras (el profe de fisicoquímica, que fue mi supervisor de las ayudantías por tantos años), lo que también fue muy agradable. Conversamos largamente con don Martín, quien me recibió de forma muy afectuosa.

Mi ex-jefe, Marcelo Kogan no estaba, se había ido a Barcelona, pero igual pasé al laboratorio, ahí estaba Juan, un muchacho que entró al grupo de Marcelo poco antes de mi defensa, y un muchacho nuevo que llegó después. Conversamos otro rato también. El laboratorio está muy pero muy cambiado respecto de como lo dejé. Hay un recinto bien habilitado con campana de flujo laminar para el trabajo con células, es decir, ya no hay que mendigarle campana al grupo del profe Lavandero (y aguantar los ladridos de sus estudiantes de postgrado). También Juan me contaba que habilitaron completamente el laboratorio que solía pertenecer al grupo del profesor Ernesto González, y que Marcelo heredó, ahora que el profesor González no se dedicará más a la investigación. A ese laboratorio solíamos decirle “el motel” porque está ubicado en un edificio de madera con varias salas de clases que parecen cabañas, y a esas salas les decían “los moteles”, entonces por extensión, ese laboratorio era “el motel”. Sé de dos explicaciones para el mote; una es que esas “cabañas” parecen moteles de playa, y la otra es que por las noches cerca del verano dicen que esas salas las utilizan, a veces, efectivamente como moteles.

Después de conversar con otros variados viejos amigos, a saber la Lile, la Claudia, la Cecy y el Simón, llegó la Karina, con su microempresa de venta de ropa interior de invierno. Me comentaba de su microempresa, que como la empresa constaba, a saber, de ella como CEO y única empleada, no le alcanzaba ni siquiera para microempresaria, ella era una nanoempresaria. Yo le dije: mientras no te conviertas en una picoempresaria, todo ok. Chiste ñoño con el que Karina se rió mucho. Después fuimos a almorzar, ella me había invitado. Y yo cumplí. Fue bonito también, conversábamos de cómo es de diferente el sistema canadiense. Ella me contaba que su hija la Camila había tenido “la porcina”, y que no había sido nada más que una gripe casi como cualquier otra. Le confesé que me sentía en el aire; como puse en mi Facebook, “no soy de aquí ni soy de allá”. No tengo pareja, hijos, nada me ata a ningún lado. Libertad, te amo y te odio a la vez. Me hace acordarme de esa canción que me gusta tanto de Queen, y que me gusta tocar cada vez que encuentro un piano, It’s a Hard Life: “I don’t want my freedom! There’s no reason for living with a broken heart…”

Después de almuerzo, nos encontramos con Ariel Meneses, ahora alumno del doctorado en química. Me agarraba pa’l chuleteo, “seguro que tuviste muchos problemas con el inglés”… “¿no tuviste problemas con el castellano al volver?”. Casi, la verdad; en un momento me dijo que la Ivonne, ex compañera y ahora estudiante de doctorado, tenía que volver pronto, para dar su… Yo inmediatamente supe a qué se refería, pero casi le digo comprehensive, sabiendo que lo que tenía que decir era el equivalente castellano de esa misma locución, es decir “examen de calificación”. No, si he estado mucho tiempo fuera.

(Olvidé mencionar que en la mañana pasé por la biblioteca y encontré a una persona desconocida que me miró y a la que saludé, como acto reflejo, “Hi!”. En realidad cuando compré el tecito, también le dije hi a la cajera… del Líder. Ah, qué lesera.)

El asunto es que llegué a la casa en metro igual, con un sentimiento un poco de vacío en el alma. No he echado raíces en Canadá, y si bien aún puedo encontrar caras familiares y amables en la escuela de Farmacia, es casi lo mismo que el Instituto Nacional en este momento. Representan el pasado; ya no pertenezco allí, aunque parte de mi corazón se haya quedado con ellos. ¿Dónde, pues, está mi lugar dulce?

He pensado en volver a Chile, pero eso aún no está plenamente decidido. He pensado que si vuelvo a hacer clases, me gustaría volver a cualquier parte que no esté en Santiago. Le comenté eso en nuestra conversación al profe Martín, quien me decía que eso tiene ventajas y desventajas. Es mas difícil hacer investigación en provincias, pero de acuerdo con lo que él había observado, exalumnos de nuestras escuelas capitalinas que se han ido a provincia tienden a ascender rápido en la jerarquía universitaria, lo que por supuesto reporta prestigio y mejores sueldos. No sé, la verdad, qué es mejor, y eso es lo que me desespera un poco.

Creo que por ahora, lo mejor que puedo hacer, es seguir el consejo que me daban mis padres: seguir con los ojos abiertos, esperando que se presente alguna oportunidad para mí, y una vez que esa oportunidad exista, tomarla y sacarle el máximo de partido.

domingo, 27 de julio de 2008

La constante

Cuando cursaba mi primer año de universidad en 2001, el profesor Vergara nos hablaba de que la carrera de Química y Farmacia abarcaba demasiadas cosas; que debía especializarse, porque el farmacéutico que se dedique a la industria no requeriría los mismos conocimientos que el que se dedique, digamos, a la farmacia clínica. Sobre todo porque el conocimiento está en expansión, y hoy en día simplemente no es posible abarcarlo todo. El conocimiento que generan los académicos de todas partes del mundo crecía hasta hace algunos años en forma exponencial. Conversando hace poco con mi primo político el Leo, profesor de física de la USACH (y mi maestro de AFM), me hacía ver que hoy en día, el conocimiento crece en forma de doble exponencial (y = e^(e^t)).

Frente al aumento del conocimiento, se hace necesario modificar las prioridades de lo que es o no es imprescindible saber. Ya Carl Sagan lo decía en El mundo y sus demonios. Es, pues, natural que los alumnos empiecen a cuestionar la utilidad de los distintos cursos. Todos nos desorientamos frente a una diversidad grande. Para muestra, un botón: la gran mayoría de mis compañeros reclamaba ante cursos como p. ej. el de operaciones unitarias, donde el profesor Jaime Sapag disfrutaba enseñándonos a pensar en unidades imperiales (pulgadas, pies, libras, psi, grados Fahrenheit, BTUs, etc.), o los distintos tipos de fittings, el número de Reynolds, las calderas de grandes y pequeños volúmenes de agua, y otro montón de cosas de las que ya no me acuerdo. La queja general era: ¿para qué chu... nos enseñan esta materia? Peor era con el curso de Ciencias Sociales: una isla de humanismo en un mar de ramos científicos. Como decía Huxley en el prólogo a Un mundo feliz (Brave New World), una clavija redonda frente a muchos agujeros cuadrados. Finalmente terminaron por rebautizarlo como "Sociología" y ofrecerlo como ramo electivo; la asistencia a clases era demasiado baja.

Cada área del conocimiento está generando conocimiento nuevo. Cada día aprendemos cosas nuevas. Los periódicos electrónicos publican minuto a minuto (iba a decir diariamente, pero hasta eso se queda corto) lo que sucede en distintas partes del mundo; Internet lo hace posible. El conocimiento, pues, es una variable; ¿cuál es, entonces, la constante de la ecuación? ¿Qué es lo que se debe enseñar siempre, lo que no debe cambiar?

Respuesta: Lo que se ha perdido, lo que siempre dieron por sentado y que en realidad nunca nos enseñaron con profundidad ni en el colegio ni en la universidad... el método científico. Pero resulta que buenas aplicaciones del método científico requieren la aplicación de otra herramienta que, al menos a mi juicio, es precursora lógica del método científico. Me refiero al pensamiento crítico. La primera vez que tuve una aproximación a esto fue cuando en clase de Farmacoquímica, nos hicieron disertar sobre artículos del Journal of Medicinal Chemistry, y el profesor Díaz nos recalcaba que hiciéramos un análisis crítico del artículo. Muchos de nosotros recién veníamos acercándonos al mundo de los artículos científicos; no estábamos para nada familiarizados con la literatura científica, menos aún con algunas de las técnicas que se describían en varios de los artículos que se entregaron. ¿Cómo se suponía que íbamos a hacer un análisis crítico?

Para mi gusto, el profesor tenía razón en pedirnos eso, porque conocer las herramientas requiere un esfuerzo relativamente modesto. Además que dicho esfuerzo nos serviría para aprender mucho. Sin embargo, buscar pifias en la lógica de un artículo científico es un ejercicio al que muchos no nos habíamos enfrentado nunca, y tampoco habíamos recibido la instrucción teórica para enfrentarlo. Y peor, había que responder a esa demanda bajo la presión de obtener una buena nota en un ramo que ya era suficientemente difícil (y uno de los ramos centrales de la carrera de Farmacia), y contra el tiempo, porque había otros muchos ramos que también demandaban nuestra atención.

Es que el pensamiento crítico es una herramienta que debiera enseñarse en la casa, desde nuestros primeros años de vida. Debiera ser reforzada en los colegios. Pero demasiados profesores se quedan como "enseñadores de materia" (como le escuché una vez a don Belfor Aguayo) y no estimulan a los alumnos a pensar ¿y para qué diablos estamos estudiando lo que estamos estudiando?

¿Por qué se le da poca pelota al pensamiento crítico en nuestros colegios? ¿Porque una de las consecuencias es que se cuestiona a las autoridades, a las cuales no les gusta recibir críticas, las cuales se sienten como una amenaza a su poder? ¿Por simple incompetencia? ¿Simple ignorancia? ¿Todas las anteriores?

Me da lata pensar en teorías conspirativas más elaboradas. Por hoy se termina mi alocución.

sábado, 21 de junio de 2008

Querida Claudia:

He visto ya varios paros y tomas. Personalmente, me vacuné contra ellos cuando yo estaba en segundo año (2002), hubo toma por más de un mes y el panorama de la educación no cambió mucho. Pero sí tuvimos que sufrir una pura semana de vacaciones de invierno, yo tuve que ir a ver mi última nota el día 24 de diciembre (semana 16), varios de mis compañeros dieron la prueba D (más o menos equivalente a lo que es hoy la PRE) de Mate el día 2 de enero (adiós al carrete de año nuevo) y la D' (como el examen final) de Física II por ahí por el día 20 de enero. Al menos, mientras hubo toma, en la U de La Serena también hubo paro y me pude dejar caer por Ovalle, lo que significó vivir los días felices de los que te he hablado, arcoiris doble incluido.

Sun Tzu decía que el arte supremo es vencer sin combatir. Y otro montón de cosas muy, pero muy interesantes en su libro del Arte de la Guerra. Si no lo has leído ya, léelo; es cortito. Podría serte útil si quieres ser dirigente estudiantil, como me mencionabas. Los estudiantes pararon, los profesores pararon, pero tú viste que los diputados aprobaron igual la famosa LGE. Pronto se verá qué pasa en el senado. Todos los políticos quedaron contentos; de hecho los únicos que no quedaron contentos fueron los más interesados en la dichosa ley: educadores y educandos. En cambio, cuando pararon los camioneros, al tiro todos se quedaron con el traste a dos manos por miedo al desabastecimiento nacional, y el gobierno se vio obligado a ceder. No eliminaron el estúpido impuesto específico, pero dejaron relativamente conforme a los camioneros.

Como diría el Dr. House cuando le reclamaron que los trataba a todos como mierda, "mierda es un término relativo". Tonto es un término relativo. Efectivamente, el fin justifica los medios. Pero claramente, tomarse las universidades no es tan eficiente para rechazar la LGE como cuando paran los camioneros... ¿capisci?

lunes, 5 de mayo de 2008

Todo aquello que escribí

Son días tristes, en que mi corazón se siente solitario, sin el amor de una mujer. Pero a estas alturas no me conviene iniciar nada. Mañana martes debo ir a sacarme fotos para pedir la visa para irme a estudiar a Canadá.

En este blog no había hablado nunca de los días felices que pasé en 2002 (¡seis años ya!) con Beatriz A. A. R., de Ovalle. Creo que nunca la olvidaré, aunque ha pasado harta agua por debajo del puente. A pesar de que la herida que me causó perderla está cerrada hace tiempo, el tiempo que pasamos juntos lo atesoro en un rincón de mi memoria.

Recuerdo que ella quería dedicarme un par de temas por la radio, lo que me tuvo varios días escuchando FM Dos, siendo que tocaban puros temas que no me gustaban. Pero yo quería escuchar los temas que ella me había dedicado.

Ahora, pues, es mi turno de dedicarle este temazo de Francis Cabrel que ven en el video:


Y esta hermosa imagen de Astronomy Picture of the Day:



Ella sabe qué significa el doble arcoiris. Aunque la imagen muestra uno ¡triple!

Con cariño.

jueves, 17 de abril de 2008

El funeral -- más esperanzador que triste

Y sipo, como ya les conté, la semana pasada falleció mi viejo amigo y compañero de curso en el Instituto Nacional, Roberto Mallea. Fuimos compañeros de curso 4 años, desde 1997 (1ºH) hasta 2000 (4ºK). Tercero y cuarto medio yo me sentaba detrás de él, así es que tuve hartas oportunidades de conversar con él, y de conocer su brillante intelecto y su integrísima personalidad.

Fui al funeral, y ahí concurrieron masivamente todos los compañeros de medicina de Roberto, de los cuales varios comentaron en el posteo anterior, pero ninguno me reconoció y se acercó a mí. Se perdieron la oportunidad de conocer personalmente al tremendo galán que soy (XD).

Pero sí me reconocieron y me saludaron mis viejos compañeros de curso. Viejos amigos.

El ánimo no debía ser bueno, y de primera no lo fue. Todo lo que pasó en el día me traía recuerdos bonitos de Roberto; para bien o para mal, mi memoria es muy buena. Me contacté con Claudio para ir, y Claudio le pidió al profe Fernando Venegas (sí, el director de la orquesta del Instituto Nacional) que cantara. Total que conversé harto rato con él hasta que llegó Claudio, y ahí partimos en la camioneta del Instituto con dirección a Buin.

En el camino nos fuimos casi puro echando la talla, lo que fue bueno. Recordábamos varias cosas, no dejó de darme su resto de susto el momento en que pasamos por el infame puente Maipo. Más adelante vimos la M del McDonalds de Buin. Ahí le hice el comentario a Claudio, mira, ahí tienes "el emblema de la ignominia, el oprobio y la vergüenza", como la denominaba Roberto. Claudio también recordó a Roberto llamarla así.

Después, llegamos a la iglesia a las 13 horas, con dos horas de anticipación. Durante una hora Claudio con el profe estuvieron ensayando en la iglesia las cosas que podían o no cantar (fue bien improvisado). Habían llevado un teclado; el profe cantó y Claudio acompañaba. El profe me pidió ir de una carrerita a sacar una fotocopia de una partitura, fui. Ya habían llegado varios de los compañeros de Medicina de Roberto.

En seguida, la tía de Claudio (que vive al lado de los abuelos de Roberto) nos invitó a almorzar. Ahí vi a mucha gente de la PUC, y a mis ex-compañeros Walter Rivas y a Emilio Becker, a los que no veía hace muuucho tiempo. Luego de almorzar, pasamos a un cibercafé a imprimir la carta de mi compadre Felipe Herrera que mandó sus condolencias desde Vancouver, Canadá. Nos demoramos en imprimir, llegamos a la misa justo cuando ésta iba a empezar. Me instalé en una banca en la primera fila por el ala izquierda (mirando hacia el altar) de la iglesia. A mi lado estaba una niña bajita, delgada y morena de la PUC. No supe cómo se llamaba; sólo recuerdo que la abracé en un momento en que se puso a llorar durante el discurso de uno de sus compañeros.

La homilía la hizo un sacerdote que a la vez es médico y profesor de la UC; Patricio era su nombre, no recuerdo el apellido (¿sería el mismo que comentó en el post previo?). Nos hizo ponernos de pie a todos los que fuimos compañeros de Roberto, y dio un discurso muy lindo y emotivo. Después siguió la consagración, y durante la comunión intervinieron los músicos; el profe Venegas cantó, con el acompañamiento de Claudio, el Ave María de Schubert (que originalmente no era Ave Maria). Después se mandaron el hermosísimo motete Ave Verum Corpus KV 618 de Mozart. Claudio me contaba que por fin pudieron romper la "maldición", por así decirlo, que les tenía ese motete, porque siempre lo habían querido cantar pero nunca habían podido, porque por tiempo no alcanzaban a cantarlo. Aquí, la masiva concurrencia al funeral hizo que mucha gente comulgara, con lo que pudieron, finalmente, cantarlo. Al terminar la misa, el profe y Claudio cantaron la canción "Bis du bei Mir" de Johann Sebastian Bach.

Después de la misa, hubo discursos, uno bien emocionado de un alumno de la escuela de Medicina, compañero de Roberto, y después el del Dr. Francisco Mardones, con quien Roberto trabajaba en investigación en Salud Pública. Este doctor alguna vez trabajó en el INTA de la Universidad de Chile, y por eso conoce a mi mamá que es la bibliotecaria del INTA, y de vez en cuando le pide artículos que no le proporciona la PUC. Mi mamá, conversando con el Dr. Mardones, le contaba de mí, y él le contaba que estaba trabajando con Roberto. El funeral dio la oportunidad para que yo conociera personalmente al Dr. Mardones y él me conociera a mí. Estuvimos conversando un ratito, él me presentó a sus ayudantes alumnas (cuál de todas la más rica; cómo te envidio, Roberto...)

Después, el reencuentro con los viejos amigos del colegio, esencialmente, los que aparecen en la foto. Sebastián Moreno nos llevó a Guillermo Riaño, a Michel Lapierre, a Wilson Ureta y a mí en su auto, y nos fuimos con los Guns N' Roses a todo volumen y tirando la talla en el camino. Al verlos tirar la talla todo el camino, no pude evitar pensarlo, y después le hice el comentario a Guillermo, "veo a estos weones, y es como si el tiempo no hubiera pasado; es como si todavía estuviéramos en segundo medio, en el '98". "¡98! ¡Puta diez años weón!" Sipo. Diez años, pero no los sentíamos.

Llegamos al cementerio cuando un caballero evangélico daba un discurso y luego hizo una oración. Ahí fue cuando Guillermo me hizo el ingenioso comentario, "Pucha el Roberto, ¿te dai cuenta? Siempre el primero en todo... ¡Hasta en irse!". Me dio mucha risa. Después dio su discurso el profe Alexis Parraguez, el profe jefe del 2ºH 1998 y que trajo el saludo de nuestra profe jefe de cuarto medio, la profe Marisol Carilaf quien se encuentra con un avanzado embarazo, lo que le impide moverse mucho.

Después de la sepultación de Roberto, le entregamos la carta de Felipe (yo junto con el papá de Felipe, el tío Pato) a la tía de Roberto, y yo le di personalmente las condolencias de Ronny Martínez, que está en Bremen, Alemania. Cumplí con mis amigos internacionales.

Después, la gente se empezó a retirar del cementerio; en ese momento nos juntamos los viejos compañeros de curso, me dio tanto gusto ver a todos los que estaban ahí y que no veía hacía tanto tiempo. Espontáneamente salió la idea de cantar el himno del colegio, para lo que nos juntamos en un círculo; Guillermo dio la partida, y pronto entonábamos a todo pulmón "Que vibre compañeros, el himno institutano..." David Bascur me hizo el comentario "¡Hacía años que no lo cantaba!" Por supuesto, ninguno de nosotros lo había olvidado.

Hicimos una lista de correos y teléfonos para no perder el contacto, organizada por Manuel López, otro que no veía desde el 2000. Me dio mucho gusto verlos a todos; les conté que a muchos quizás no los vería nunca más en persona, porque la semana anterior me había llegado la carta con la oferta de admisión a la University of Windsor. Hoy precisamente la secretaria me confirmó que estaba admitido y que me estaban esperando para Septiembre.

Después de eso, los abrazos de despedida, y el tío Pato nos acercó a mí, al guatón Víctor Vásquez (viejo amigo y compañero mío y de Felipe, aunque no fue compañero de Roberto) y al profe Alexis a nuestras respectivas casas. Había sido un día de muchos recuerdos y emociones intensas.

Nos duele la partida de Roberto, pero nos queda la felicidad de haberlo conocido, y de reencontrarnos con la gente del Instituto que ocupa un lugar importante en nuestros corazones. Roberto era parte de ese lugar; su muerte es física, pero su ejemplo, su espíritu, vive en nosotros ahora.

martes, 8 de abril de 2008

Nuestro amigo Roberto

Roberto Andrés Mallea Alcántar (8/3/1983 - 8/4/2008)

Cicerón decía sobre su amigo Escipión, "creo que nada malo ha podido sucederle a Escipión. Es a mí a quien me ha sucedido la desgracia de perderlo."

No creo que se pueda hacer justicia completa en un homenaje a una figura tan insigne como era nuestro amigo Roberto. Todos los adjetivos se quedarán cortos, todas las palabras sonarán huecas.

Podemos decir que intelectualmente era simplemente brillante, y ése era su rasgo más distintivo. Pero eso era nada comparado con la riqueza de su personalidad, su voluntad, su integridad, su férrea moral. Hasta hace no mucho su mensaje para mostrar en Windows Live Messenger era algo así como "El Bien debe triunfar, y el Mal debe ser castigado. Aun en mi hora última, no transaré en ello."

Roberto era el mateo oficial del curso. Roberto nos ganaba a todos por paliza en proezas intelectuales. En la graduación de los cuartos medios se llevó el premio al mejor alumno del área biológica, mejor alumno humanista y mejor rendimiento global de todos los cuartos medios. ¡Del Instituto Nacional po! Háganse una idea del pedazo de mente que tenía.

Su sueño de siempre fue estudiar medicina, y con esa base, dedicarse a la política. Entró a Medicina en la PUC. Estaba dedicado, ahora último, a la Salud Pública. No quería ser presidente, aunque con gusto todos hubiéramos votado por él. Y debía serlo. Su incorruptibilidad lo hubiera hecho el líder nacional soñado.

¡Y era un líder! Pero si cada vez que debíamos hacer un trabajo en grupo, él solito tomaba las riendas, hacía mentalmente la división del trabajo, y nos asignaba tareas. Normalmente los planes eran bien ejecutados, sobre todo si los supervisaba él mismo, y los resultados eran brillantes.

Brillante debía ser.

 

También recuerdo la vez que sonó el teléfono en mi casa, una tarde de verano de 2001, para avisarme que la mamá de Roberto estaba grave. Llamé a su casa, me contestó él mismo. Estaba destrozado; recién había recibido la noticia de que su madre había fallecido. Del padre de Roberto nunca supimos; algo le escuché de que no merecía ningún respeto. Su madre, junto con sus tías, lo criaron. Por eso, el fallecimiento de su madre fue un golpe grande. Todos los que fuimos sus compañeros partimos a su tierra natal, Buin, a consolarlo.

 

Recuerdos, nos quedan los recuerdos.

¿Quién nos consolará a nosotros ahora?

Me queda al menos el placer, y el honor, de haberlo conocido.

Qué impotencia siento, él que debía aportar tanto a nuestra sociedad, ¡víctima del descuido de un chofer! Tanto ser humano que no vale la pena, delincuentes, asesinos, dando vuelta, en libertad, y él, quien se sabía llamado a combatir todos esos males, ¡se ha ido para no volver! ¡Roberto, el más valioso de todos nosotros!

Una pérdida enorme para la ciencia. Una pérdida para nuestra sociedad. Y sobre todo, para quienes lo conocimos. Roberto se ha ido y se ha llevado un pedazo de nuestros corazones.

Siento dolor en el pecho y un nudo en la garganta.

 

Aún resuena en mis oídos su voz reclamando que no debíamos hacer tal o cual cosa. ¿Por qué? Su respuesta eterna: "Porque retarda el desarrollo de Chile".

Hoy, con el fallecimiento de Roberto, el desarrollo de Chile se ha detenido completamente. Es nuestra tarea ponerlo en marcha otra vez.

viernes, 21 de septiembre de 2007

La noche, las estrellas y el universo

Escribiré un post inspirado en uno que escribí en el blog en inglés. Me da lata ahora actualizar el blog en inglés, sobre todo porque ahora que tengo mi futuro para los próximos 5 años relativamente decidido, quiero aprovechar de hablar en castellano. Más adelante, tendré pocas oportunidades de hacerlo; ya es suficiente que en mi laptop todo el software está en inglés.

Puta que es lindo recordar... Desde que estaba en la media que me invade la melancolía.

 

La noche, las estrellas y el universo. Desde que era chico, no había nada que me llamara más la atención que los planetas y el Sistema Solar. En particular, uno que ha sido casi mi obsesión... Que está siendo estudiado mejor que nunca desde que la misión Cassini-Huygens llegara a su destino. Oh sí. Saturno. El mismo del título de este blog. Es tan lindo que me hace identificarme con él. No puedo explicar bien por qué, es una sensación que se apodera de mí.

Esa también la razón por la cual este blog (igual que todas mis páginas) es negro en letras blancas. Quería que recordara la noche, y el espacio profundo.

También me estremecía la carrera espacial. Neil Armstrong (como siempre, me gusta más el artículo en inglés) era mi ídolo. A pesar de que los detalles más en específico de la carrera espacial no los vine a saber sino hasta mucho después...

 

Y lo que explicaba en el otro blog, esa noche de verano de 1999. En aquel entonces no cachaba nada de constelaciones, y era la época en que estaba obnubilado por la música, en parte gracias a un viejo amigo con el que soñábamos con ser los nuevos Lennon y McCartney. Estábamos de vacaciones, de "gira de estudios" (qué término más cínico), con lo que era el 2ºH 1998. Era la última vez que íbamos a estar todos juntos como curso, y al final no fueron todos. Habría sido divertido ver a Roberto Mallea cocido.

Estaba en Licán Ray con Germán Barahona, a orillas del Lago Calafquén, discutiendo de las obras que íbamos a escribir, y de cómo nos inspiraban estas experiencias. Pero el Universo simplemente estaba ahí, y ganó. Por un momento, volví a ser niño.

Me llamaba la atención el número de estrellas. Eran tantas, y por fin, por una vez en la vida, estábamos en un descampado. Tenía toda la semiesfera celeste ante mí, y la contaminación lumínica era despreciable. Siempre esta perspectiva me ha producido una sensación... que me cuesta describir. Me da como miedo, es como una mina que me gusta y no me pesca. Como Catalina (¿qué será de ella?). Es la única manera que tengo para describirlo... La cabeza se me abomba, los nervios se apoderan de mis hombros y de los músculos de mi cuello. Fue tan estremecedor, que no pude tenerme en pie, y tuve que tirarme al suelo. Afortunadamente, estábamos en una playa, y no había nada más bakán que poder tirarse al suelo. Y me quedé tirado, mirando la inmensa bóveda celeste.

Es suficientemente majestuoso contemplar el cielo de día. Pero de noche...

Ay de mí... Por una vez, me sentí parte del universo. En cualquier momento me iba a caer hacia el universo, la Tierra iba a dejar de atraerme, y emprendería viaje hacia los confines de la galaxia. Lástima que probablemente me hubiera perdido, porque no conocía el universo. Me sentí un punto en el espacio, infinitamente pequeño en la vastedad del Cosmos. Tuve una idea de las dimensiones del Sistema Solar, y de cómo la mayor parte del universo es simplemente espacio vacío, las enormes distancias que hay que recorrer para encontrar algo interesante... Unidades astronómicas, años-luz, pársecs...

Y el universo, las estrellas, la noche, el cielo...

Por una vez, esa mujer que me había esquivado, me abrió sus brazos, me besó y me llevó a la cama, ahí, en esa playa. Sin preguntas, ni tampoco tener mucha experiencia, ni poder valorarla como debería. Sería una de las pocas veces que podría disfrutar de un encuentro cercano con la inmensidad del Universo.

Después (2004) escribiría una Canción de las Estrellas. Pronto la podréis oír.

 

En Santiago hay que darse con una piedra en el pecho cada vez que se ven todas las estrellas de Escorpión y Sagitario, lo cual sucede sólo inmediatamente después que ha llovido, y eso rara vez se da de noche. Y aun así, hay tanta contaminación lumínica, que ni soñar en ver alguna de las nubes magallánicas, mucho menos la estrella polar austral (sigma del Octante). Hay días en que ni siquiera se ve Antares, o apenas si se distinguen Alfa y Beta del Centauro, y sólo se ven Alfa, Beta y Gamma de la Cruz del Sur. Y hay que hacer mucho esfuerzo para verlas.

Ahora, si estuviera en esa situación, como la del verano de 1999, estaría tratando de identificar las estrellas y constelaciones que conozco, tratando de ubicar los planos de la Eclíptica, el ecuador celeste. Probablemente sacaría mi laptop, y me ayudaría del Stellarium para cachar bien todo lo que veo.

Lamento tanto que mi familia no fuera todo lo instruida que hubiese deseado. No es culpa de ellos, por eso los quiero igual. Pero el mundo en el que viven mis tías y tíos, las personas que me criaron, es muy pequeño. Además, estaban acostumbrados a que los niños deben vivir en el mismo mundillo fome y alejado de la luz del conocimiento. Podrían haberme sacado más partido, y yo tampoco conocía mucho en aquel entonces. Muchas veces siento que todos han vivido tantas cosas más que yo, que todos saben más que yo. Yo poh, el mateo del curso, el que se las sabe todas... Y siento que hay tantas cosas de las que no sé nada. Por eso me carga cuando hay gente que aparenta sabérselas todas, y habla, y habla, y de repente dice cosas que tienen poco sentido práctico, o que son derechamente falsas, pero no faltan los giles que compran. Me molesta, porque parece que supieran más que yo.

Puede ser que esté mal lo que voy a decir, que suene a alardeo, pero la diferencia es que yo estoy dispuesto a aceptar que estoy equivocado. Me molesta la gente que trata de imponer sus puntos de vista, que es dueña de la verdad. Cuando opino o me gusta algo, prefiero señalar que me gusta, o no me gusta, que opino de tal o cual forma, a decir que algo ES tal o cual. Porque pueden haber consensos, pero jamás quedan todos 100% de acuerdo. Thou shalt not leave everyone happy.

Mis hijos no serán como yo. Desde pequeños les enseñaré lo que sé, y sobre todo, que no hay una sola verdad, que no deben quedarse con lo primero que les dicen, que crean en ellos mismos. Aprenderán muchas cosas, y tendrán experiencias interesantes y valiosas para su niñez.

 

¿Estaría celosa, la bóveda celeste, de que la dejé por la computación cuando era chico?

Qué manera de hablar huevadas... Pero es lindo recordar, pasarse rollos, y más lindo todavía, compartir esas cosas.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Robotech y Action Jack

He estado recordando tiempos MUY, pero muy antiguos, de cuando era bien chico. La Wikipedia y la Internet me han ayudado.

Hace poco, un amigo me prestó la serie Robotech, la que vi por primera vez cuando tenía como 4 ó 5 años. No sé por qué, pero escuchar el tema principal me emociona, así como las canciones de Lynn Minmay. Llegué a quedar rayado con My Time to Be a Star ["Stage lights flashing, the feeling's smashing / My heart and soul belong to you..."] y To Be in Love; ambas canciones las canto de memoria. Debe ser porque esa serie la vi por primera vez en una época en que era muy impresionable.

El personaje de Lisa Hayes (ver tb. Wikipedia) me producía una sensación rara, casi inexplicable. Suponiendo que existen los miedos más allá de las encarnaciones, como las que describe Brian Weiss en sus libros, creo que debe haber algo de eso en esas sensaciones. Ahora que he madurado algo y me conozco mejor, he vuelto a ver la primera generación de Robotech ("La saga Macross"). Y cacho que en realidad me gusta la Lisa. Y que mis reacciones han sido muy aproximadamente las que tengo ante una mina que me gusta.

La primera generación de Robotech es la mejor... No puedo esperar a ver la película de Tobey Maguire (todos los fans de Robotech saltamos de alegría; la noticia se extendió con la velocidad del rumor, aumentada por las posibilidades de Internet). Por otro lado, otorga unas visiones muy interesantes sobre la filosofía de la guerra y de la paz. Hay que perdonarle muuuuchos errores de realismo (física... deformación profesional), pero la historia te atrapa, te atrapa...


No creo que ninguno de los lectores de este blog se recuerde de unos juguetes llamados Action Jack. Mis viejos y mi primo se acuerdan de estos bichos, me parece que nadie más. Hoy comprobé que la Internet da para TODO. Después de una búsqueda en Google, caché que hay un tipo que les tiene dedicada una página.

Oh, qué recuerdos... Hacía tanto, pero tanto tiempo que no los veía; llegué a pensar que ahora sólo existían en mis recuerdos, pero resulta que hay alguien que los colecciona. Alguien de mi edad o mayor.

Al compilar estos recuerdos, me siento feliz de saber lo feliz que fue mi infancia. :-) Es lindo ver estas cosas, y volver a ser niño por un rato. No sé por qué chucha tantas mujeres se quejan y se quejan y se quejan (y se quejan... y siguen quejándose) de inmadurez en los hombres. "Son como niños". A todos nos gusta ser niños. En vez de quejarse y luchar contra ello, deberían aprovecharse de esta circunstancia en su favor.